Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

La Virgen de la Cueva


En Sevilla a mediodía y al sol uno puede tener la sensación falsa de que el verano está a la vuelta de la esquina, pero basta que oscurezca para que el termómetro baje de golpe doce o quince grados. Si sólo fuera eso uno podría ir preparado, pero yo creo que es peor caminar bajo la luz del sol por una calle y en la siguiente encontrarte a la sombra, como si hubiera llegado la noche de repente, las fachadas umbrías y la humedad que se cuela bajo la ropa para llegar hasta los huesos. Y eso que a mí, como saben los habituales de esta bitácora, me gusta el frío. Pero para estos cambios insolentes de temperatura casi prefiero que llegue el verano. Dice la sabiduría popular que porque no llueve hay tantos catarros este invierno. No sé si será verdad o no, pero yo no paro de salir de uno y entrar en otro. Esta mañana me levanto después de haber maldormido por culpa de una tos puñetera que no quiere marcharse, y al descorrer la cortina y comprobar el cielo azul sin rastro de nubes que parece querer conspirar contra mí me acuerdo de esa canción que escuchaba cantar a las niñas en el colegio, “Que llueva, que llueva, la Virgen de la Cueva...”, no sé si invocando la lluvia o celebrándola.


© Andrés Pérez Domínguez, febrero de 2012

Comentarios

Diego Prado ha dicho que…
Ya creía que yo era el único raro que agradece el frío y le gusta la lluvia. Claro que yo vengo de una tierra donde desde septiembre llueve y llueve.
Pakiba ha dicho que…
Vamos a invocarla todos porque hace falta que llueva y limpie la atmósfera de virus.
Que te mejores.
Alicia ha dicho que…
Hace falta que llueva y me temo que para variar lo hará en semana santa, pero no me digas que no se agradecen ya esos ratitos de sol que calientan a mediodía y te dejan los cachetes coloraos, que ya estoy harta de esas temperaturas mínimas a primera hora, ya mismo huele a azahar... Un saludo
Rosa mary ha dicho que…
Mira cosa que yo nunca tengo y eso que no soy de llevar bufanda ni nada me siento incomoda con tanta ropa lo que no me quito son los guantes.Bueno que te mejores .Acabará lloviendo
Andrés Pérez Domínguez ha dicho que…
Pues de momento hoy sigue igual. Un sol espléndido. Sin llover. Y yo con la misma tos...
Abrazos,

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