Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

Globalización


                  
A lo mejor la globalización es esto y no he sabido darme cuenta hasta esta tarde. Ser europeo quizá no sea sólo manejar la misma moneda y que los precios hayan subido escandalosamente al contar en euros, viajar desde Lisboa hasta Berlín sin que nadie te pida el pasaporte o ver como tu país se queda solo cuando necesitaría a sus socios porque, al final, cada uno mira por lo suyo y nada más. El caso es que esta tarde mucha gente (yo también, aunque no quiera) está pendiente de las elecciones francesas. Ya digo, quizá eso de la globalización y de la hermandad europeísta al final sea tan sencillo como estar escuchando la radio, con el alma en vilo por las elecciones del vecino. Qué curioso. Falta saber quiénes se van (nos vamos) al carajo: si todos a una o sólo los de siempre. El derrumbe globalizado. O como quieran llamarlo.
Parece que en Francia ha ganado Hollande. Y en Grecia los votantes están tan quemados que han dado la espalda a los de siempre. Nada más certero que hoy el refrán ese de cuando las barbas del vecino veas quemar... Me he vuelto de un pesimista que hasta me da la risa floja.
Pero no soy adivino. No tengo ni idea de lo que va a pasar. Mientras, os recomiendo echar un vistazo a la entrada del blog de mi colega de letras David Torres: "...lo que de verdad no podemos tragar de los franceses es que, salga quien salga el domingo en las elecciones, tendrán un presidente que mirará cara a cara a Merkel, aunque sea con tacones, en lugar de un señor que enseña los recortes de su país como un alumno los deberes..." Ahí queda eso.
 

© Andrés Pérez Domínguez, mayo de 2012

Comentarios

Olga Olmedo ha dicho que…
Verdaderamente la cosa está como para ponerse pesimistas y sobre todo cuando uno sospecha que soluciones al problema español no interesan a nadie. Y es que en Europa, como bien dices, cada uno va a lo suyo y tratan de salir a flote a toda costa, caiga quien caiga, y está claro que los que tienen una posición de poder la ejercerán hasta que alguien les diga basta. En estos días no dejo de pensar en lo cíclica que es la Historia. Muy acertado el post de David Torres, por cierto. Un saludo.
Andrés Pérez Domínguez ha dicho que…
Así es, Olga. Así es, y además por desgracia.
Un abrazo,

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