Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

Las bolas sobre el tapete. Tour de El silencio de tu nombre XXV. Oviedo



Asturias siempre será como un pellizco agradable, un recuerdo que a medida que se aleja en el tiempo se vuelve más entrañable. Hace trece años, al final del verano, me llamaron para decirme que había ganado un concurso de relatos. Era la primera vez, y tan sorprendido estaba cuando descolgué el teléfono que cuando dijeron mi nombre pensé que me iban a pedir mi dirección para devolverme las copias que había mandado al concurso. No tenía que ir a recogerlo, pero a mediados de ese otoño enfilé el morro del coche rumbo a Asturias y con el pretexto del diploma y el cheque me pasé una semana en el norte. Creo que es una de las mejores inversiones que he hecho nunca. De aquel viaje nació un cuento que pocos meses después ganó el premio “Max Aub”. Todavía hay quien me recuerda por ese texto.
Siempre he vuelto a Asturias por motivos literarios: en el otoño de 2004, para presentar La clave Pinner. En el verano de 2005 porque esa novela fue finalista en un premio en la Semana Negra de Gijón; un par de veces en la primavera de 2010, durante la promoción de El violinista de Mauthausen. Ese mismo verano fui finalista otra vez de un premio en la Semana Negra de Gijón y ahora, al volver a Asturias, pienso en aquel viaje de hace trece años y siento que la vida es como una partida de billar en la que el taco empuja a la bola y ésta empieza a rodar por el tapete sin que nadie pueda adivinar lo que va a pasar. Ya escribí una frase muy parecida en una novela. Hace tiempo. Puede que algunos lectores la reconozcan.
He vuelto a Oviedo y el placer es tan grande como la primera vez. Mayor incluso, porque uno disfruta más cuando regresa a los lugares donde ha sido feliz.



© Andrés Pérez Domínguez, diciembre de 2012

Comentarios

Diego Prado ha dicho que…
Me alegro mucho del nuevo éxito. Y de la nuev acara del blog!
Andrés Pérez Domínguez ha dicho que…
Gracias, Diego. Un abrazo,

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