Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

Aislamiento voluntario


Apenas me acerco a la playa en julio y agosto pero si puedo procuro visitarla en junio y en septiembre. El año pasado por esta época estaba muy liado con la inminente promoción de El silencio de tu nombre y no pudo ser, y aunque este año en junio también lo intenté algunos días el buen tiempo llegó muy tarde y cuando fui a la playa siempre llovía o estaba nublado, lo que supone una alegría cuando ya has soportado alguna ola de calor veraniega pero no tanto si acabas de salir de una primavera inestable y te apetece estrenar el verano antes de que cualquier playa cercana se convierta en un sucursal de Sevilla. Tengo un amigo al que le gusta retirarse de vez en cuando a monasterio para estar semanas sin hablar, en pleno recogimiento, y aunque más de una vez he pensado que debe de ser una experiencia tremendamente enriquecedora, de momento me basta con unos días en la playa fuera de temporada. No es que mis días sean muy diferentes al resto del año, porque aunque quiero pensar que estoy de vacaciones me sigo levantando temprano para escribir y estrujarme la cabeza para sacar adelante las dos novelas en las que estoy trabajando. Leo, veo alguna película si me apetece pero también si hace bueno me doy un baño en un mar en el que ya apenas queda gente, y sobre todo camino por la orilla hacia la línea del horizonte escuchando programas que tengo grabados en podcasts, un gran invento para los que nos gusta la radio, por cierto. Camino muy lejos, hasta que sólo veo gaviotas devorando peces en la orilla, gaviotas que me ignoran aunque esté muy cerca y cuando abren las alas y se lanzan picotazos entre ellas para pelearse por la comida se me antojan tan grandes como buitres.

El móvil rara vez suena porque la cobertura no es muy buena y, como algunos lectores de esta bitácora saben, hace tiempo me liberé de la tiranía del whatsapp. No uso Facebook ni Twitter en el teléfono, y lo único que echo de menos en la playa es poder escribir una entrada en este blog cada vez que me apetezca, quizá porque para comprender el mundo ―para comprenderme a mí mismo, también― necesito poner por escrito lo que pienso.
Pero nada puede ser perfecto...



© Andrés Pérez Domínguez, septiembre de 2013

Comentarios

Rosa mary ha dicho que…
Muy agradable es estar así ,la playa es más bonita . Yo también tengo un movil normalíto ,solo con cámara ( y apenas la utilizo ) .Buenas noches
Andrés Pérez Domínguez ha dicho que…
Sí, Rosa Mary, es una de las mejores épocas para estar en la playa.
Un abrazo,

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