Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

La cueva de los inmigrantes


Quizá porque este país se despeña cuesta abajo y sin frenos y ahora los jóvenes tienen que hacer las maletas para buscarse la vida, me da la sensación de que se piensa menos en los inmigrantes, los que vienen desde algún país africano después de atravesar el desierto y el estrecho. Pero siguen ahí , aunque no nos queramos dar cuenta. Ayer los vi otra vez, en el telediario, mostrando a las cámaras una cueva marroquí en la que malviven esperando la oportunidad de entrar en Europa, temerosos de ser descubiertos por la policía de Marruecos. Siempre me ha impresionado la determinación de quien es capaz de dejar su familia, su casa, quizá endeudarse con unos mafiosos implacables y arriesgar la vida para venir a un sitio donde, con suerte, acabará vendiendo pañuelos en un semáforo o baratijas en la playa, lo que no es más que una manera, y no necesariamente menos humillante, de pedir limosna. Tan triste y tan falta de esperanza debe de ser su existencia en el lugar donde han nacido para que lo que les espera aquí les parezca una alternativa mejor.
Después de seguir el rastro de la epopeya de cualquier subsahariano, las noticias de los chavales con carrera y un par de másteres que hacen las maletas para largarse al extranjero, la prima de riesgo o incluso las vergonzantes cifras del paro ―celebrar que en los últimos datos había treinta empleados más que el año pasado en la misma época me parece de lo más ridículo incluso para un caradura― terminan pareciéndose a un chiste malo.



© Andrés Pérez Domínguez, septiembre de 2013


Comentarios

Pakiba ha dicho que…
Los pobres no deben saber como está ahora España para jugarse la vida y venir a este país que si sigui así dentro de poco los que emigraremos seremos nosotros.
Andrés Pérez Domínguez ha dicho que…
Así, es Pakiba, por desgracia.
Un abrazo,

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