Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

El escritor tranquilo


Ahora que ha ganado el Premio Princesa de Asturias de las Letras quedaría muy bien decir que soy un lector habitual de Leonardo Padura, pero no es verdad. Del cubano hasta ahora sólo he leído la espléndida El hombre que amaba a los perros, que mi querido Gregorio León me recomendó con insistencia hace tiempo. Al Gregorio León real, que no se diferencia mucho del Gregorio León que habita en las páginas de El silencio de tu nombre, le debo varios descubrimientos felices (Phillip Kerr, John Banville), así que pronto caerán las novelas de Leonardo Padura protagonizadas por el detective Mario Conde sobre las que Gregorio tanto me insiste. Conocí al escritor cubano en la Semana Negra de Gijón, hace justo diez años, y con paciencia y amabilidad me dio algunas indicaciones para mi inminente viaje a La Habana. Lo recuerdo siempre en camiseta, pantalón corto, chanclas, la barba canosa y la piel morena. Estos días están saliendo en la prensa muchas fotos de Leonardo Padura, y a menudo se deja retratar de la misma guisa que lo vi en Asturias hace una década. Tiene el mismo aire de escritor tranquilo que se encuentra más a gusto entre sus amigos y sus libros que asaeteado por los flashes de los reporteros gráficos. No sé si Leonardo Padura tiene página de Facebook o perfil en Twitter. Tal vez sí, porque parece que ahora los escritores estamos obligados a exhibirnos públicamente en las redes sociales, donde tanto cuesta diferenciar los halagos sinceros de los ditirambos y las críticas constructivas de las venganzas directas o circulares. La cuestión es que el cubano desprende una mezcla de inteligencia, tranquilidad y distancia saludable que enseguida me produce simpatía. Uno puede ganar premios o no ganarlos, tener editores valientes y fieles o no tenerlos, contar con más o menos lectores, pero ya lo he dicho muchas veces: el oficio de novelista no es más que sentarte a escribir historias, día tras día, encontrar primero un editor y luego unos lectores que quieran gastar su tiempo y su dinero con tus libros, conceder unas cuantas entrevistas para ayudar a rodar la obra, y vuelta a empezar.
Todo lo demás es ruido.

© Andrés Pérez Domínguez, junio de 2015

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