Lo que abrigan mis colores

Imagen
A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

22/11/63


Resultado de imagen de 22 11 63         A estas alturas, decir que Stephen King es un genio resulta una obviedad tan manida como prescindible, sobre todo cuando hasta muchos de sus detractores se han ido rindiendo a su talento. El novelista de Portland podrá gustar o no, como cualquier escritor, pero no creo que mucha gente, por muy estirada que sea, ponga en tela de juicio su ingenio. El Stephen King que más me gusta no es el terrorífico, aunque Misery me parece, a pesar del miedo que recuerdo, una obra maestra. El Stephen King que me conquista es el que ambienta sus tramas en décadas pasadas, con guiños constantes a su juventud o a su infancia. Y, también, como no, el de Rita Hayworth and Shawshank redemption o La milla verde.

De los últimos años cincuenta y de los primeros años sesenta trata sobre todo 22/11/63. Como tantos otros libros, tenía esta novela esperando en la estantería desde hace mucho tiempo. Creo que se publicó en España en 2012, así que no es una novedad, ni falta que le hace. Pocos lectores no conocerán al menos una parte de su trama: un profesor de Literatura viaja en el tiempo para tratar de impedir el asesinato de Kennedy en 1963. La premisa es atrayente, pero no resulta más que una excusa para retratar un mundo desaparecido que con el paso del tiempo se antoja mágico. El asunto del magnicidio me interesa mucho menos que la mirada y las peripecias de Jake Epping / George Amberson en el pasado. “Creo que fue entonces cuando decidí que nunca iba a regresar”, piensa en un momento dado, y yo cada vez me identifico más con él, y soy feliz cuando lo veo integrarse poco a poco en un mundo tan distinto al de ahora. No me interesa el magnicidio, decía, y me da igual que se pueda viajar al pasado a través del cuartucho de una cocina o en una máquina del tiempo. Lo que me hechiza es ponerme en el pellejo del protagonista al conocer a Sadie, o cuando baila con ella In the mood en una fiesta delante de los alumnos.
De la novela 22/11/63 se rodó una serie que tenía grabada y no he querido ver hasta leer la novela. No he podido terminarla. Y es una pena, porque, por desgracia, no está a la altura.

© Andrés Pérez Domínguez, junio de 2017

Comentarios

Entradas populares de este blog

Una hermosa y apasionada historia de amor

Monze, yo también zoy andalú

Presentación en Sevilla