Lo que abrigan mis colores

Imagen
A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

La incertidumbre


Resultado de imagen de incertidumbre  En una entrevista, hace muchos años, recuerdo a Steven Spielberg confesando que hacer películas era un trabajo muy frustrante porque, al rodarlas, nunca te salían como lo habías planeado. Mucho tiempo después, Pedro Almodóvar contó algo parecido: cada vez que empezaba a rodar una película sentía que no sabía cómo hacerla. La experiencia no parece servir de mucho cuando la creatividad y el azar son parte inseparable del trabajo. Hace apenas una semana, en una entrevista conjunta a Mario Vargas Llosa, Arturo Pérez-Reverte y Javier Marías, este último manifestaba que cuando está escribiendo una novela lo asaltan dudas terribles: ¿le gustará a los lectores? ¿Me la publicarán? ¿Me la publicarán? se preguntaba Javier Marías, por más que a más de uno le dé (nos dé) la risa al imaginarlo. Parece mentira, pero es posible que dijera la verdad. Literariamente hablando, y si nos ceñimos a las ventas y al número de personas que conoce tu trabajo, yo soy un escritor de clase media (aunque la clase media literaria, igual que en la vida, amenaza con extinguirse) y Marías es millonario, pero la incertidumbre, presumo, es la misma, o al menos parecida. Durante las últimas tres semanas he hecho una pausa en mi nueva novela para plantear con cierto detalle la segunda mitad que aún me resta por escribir. Durante estos días en los que las páginas han dejado de avanzar al habitual ritmo lento pero constante me han asaltado muchas dudas: si esta novela encontrará un editor que la quiera publicar, que además apueste por ella y la mime; si seré capaz de terminarla y el resultado no será sonrojante; si habrá algún lector al que le interese.
Es parte del oficio y es parte de la vida, vaya. Te acostumbras. A veces hasta te ríes. Total: si Javier Marías tiene dudas, por qué no habrías de tenerlas tú.

© Andrés Pérez Domínguez, junio de 2017

Comentarios

Entradas populares de este blog

Una hermosa y apasionada historia de amor

Monze, yo también zoy andalú

Presentación en Sevilla