Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

Corregir el pasado


He corregido durante estas semanas tan complicadas una colección de cuentos que se publicará en primavera.  Ha sido raro, porque el más antiguo tiene casi veinte años. Quién lo diría. La locomotora del tiempo nunca se detiene y antes o después acaba alcanzándote. Los he revisado antes de mandárselos a mis editores y, aunque aún he de volver a leerlos y pulirlos en galeradas, tengo la sensación de haber asistido a un taller de escritura muy personal que me ha regalado un aprendizaje inesperado. Algo parecido a un viaje en el tiempo que te permite reparar errores del pasado. No he cambiado la trama de ninguno de los textos, y alguna de estas historias la tenía tan olvidada ―no acostumbro a releer lo que escribo cuando lo doy por finiquitado a no ser que vaya a publicarse o reeditarse― que a veces me ha sorprendido felizmente. Sin embargo era la prosa lo que, a mi juicio, necesitaba una revisión profunda: tanto que de 44.000 palabras han desaparecido al menos 7.000. Casi un veinte por ciento, si las matemáticas no me fallan. Nunca he sido un escritor muy dado a florituras verbales, creo. Me gusta que se me entienda sin tener que consultar el diccionario cada dos por tres. También, prefiero sugerir antes que mostrar abiertamente y creo que en la fuerza de la trama y en los personajes es donde está lo mejor de mi trabajo, si es que hay algo bueno en lo que hago, claro. Pero esa vieja máxima que aconseja decir mucho con poco debería grabarse en la primera página de cada manual de escritura. Es tan sencillo como eso. Tan difícil como eso.


© Andrés Pérez Domínguez, marzo de 2019

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