Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

Virutas de chocolate


Nueva York es como un pastel de virutas de chocolate que es todo virutas de chocolate. Lo decía Isaac Asimov en un artículo. Cito de memoria. Lo leí hace treinta y cinco años, o más. No tengo el libro a mano, pero confío en mi memoria. Me acordaba ayer de esa reflexión, no porque una persona muy cercana me dijese por la noche, qué casualidad, que estaba deseando ir a Nueva York, y mira que la he animado veces a que compre el billete y reserve un hotel. Lo pensé a la orilla del mar. Tampoco merendé un pastel de virutas de chocolate. Da lo mismo. No suelo tomar dulces. Durante varias semanas el tiempo ha sido un bien tan escaso que cualquier rato de paz era igual que disfrutar de un helado despacio, como una caricia, como unos ojos bonitos mirándome por encima de la curva de una copa de vino.

Me juré darme un baño en el mar la primera tarde que pudiera, por si acaso ya no puedo hacerlo más durante el verano. Hay muchas cosas que resolver todavía, y vendrán más. Llevaba años durmiendo razonablemente bien, a menudo como un bebé, pero el insomnio ha regresado como el rencor de una vieja afrenta, advirtiéndome que siempre estará al acecho. Pasa cuando el mundo se vuelve del revés y la única rutina es hacer casi todo el tiempo lo que no te apetece porque no queda otra. La mañana de ayer fue muy larga, complicada. El calor no ayuda. Estaba agotado después de otra noche de mal dormir, pero cargué la sombrilla, la toalla, una botella de agua. Cosas prácticas. Y conduje durante más de una hora hasta una de mis playas favoritas. Me bañé, me tumbé bajo la sombrilla y me volví a bañar. Varias veces. Me quedé dormido un rato. Volví a bañarme y recogí los bártulos. No serían más de dos horas. Luego otra hora y pico de vuelta. El sol escondiéndose a mi espalda. Tarareando boleros en el coche.

Un rato de playa cuanto te apetece tanto también es un pastel de virutas de chocolate que es todo virutas de chocolate.

Pues eso.

Julio de 2025

 

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