Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

Correr


Soy capaz de pasarme horas sobre un tatami practicando karate, otro tanto me ocurre con el yoga, el tiempo se me escapa caminando y disfruto pedaleando por el campo o sobre una bici estática, pero odio correr. Me ha pasado siempre, pero como envidio a quienes les basta enfundarse unas zapatillas y tirar kilómetros para disfrutar, de cuando en cuando me digo que he de encontrar el modo de divertirme. Tanta gente no puede estar equivocada, creo. Llevo muchos años con esa lucha, sin rendirme. La semana pasada volví a intentarlo en la vieja cinta de trotar que regalé a mis padres hace diecinueve años. Ellos ya no pueden usarla y yo, por alguna razón, acostumbro a elegir el camino más difícil. Si fuera fácil no tendría mérito, me gusta decir. Es como cuando alguien me advierte que algo no es para mí y respondo “¡¿Cómo que no?!”. Más de una novela empezó así. También algunas de las historias más bonitas de mi vida (esas, de momento, me las quedo): alzando una ceja, con aplomo o fingiéndolo, y contestando, a ella o para mis adentros, “¡¿Cómo que no?!”.

Y ahora, si me disculpáis... 

          Me voy a correr.        
        
        Julio de 2026

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