Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

La gran evasión

Teníamos que haber escapado por el túnel, pero cuando los guardias del Stalag Luft III nos descubrieron tocó improvisar y encontramos las motos. Y, también, todo hay que decirlo: este tipo es un rebelde y quería una fuga a su estilo. No me quejo. De qué serviría, además, si sería capaz de seguirlo hasta el fin del mundo, sobre todo en moto. Ya hemos dejado atrás a una patrulla que nos perseguía, pero de seguir así acabaremos rompiéndonos la crisma. Al menos yo, porque él esta loco de atar: salta las alambradas como si le hubieran puesto un cohete en el tubo de escape. Igual habría sido mejor arrastrar la barriga por el túnel, como todos. O como casi todos, porque James Garner, cuando aún le faltaban décadas para rodar esa tontería lacrimógena titulada El diario de Noah, tuvo el cuajo de robar un avión y llevarse de copiloto al cegato Donald Pleasence.

Pero nada, aquí estamos, sorteando baches hasta que se nos acabe la gasolina y nos lleven de vuelta al campo. Lo mismo hasta nos fusilan. Pero qué digo, otra vez estoy desvariando. Me fusilarán a mí. Este fulano al que sigo con confianza suicida tiene una flor en el culo. Como mucho lo meterán otra vez en la nevera y se llevará una temporada con la pelotita y el guante. 

Y a mí ni siquiera me gusta el béisbol.


Julio de 2026


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