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Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

Esos viejos modernos

Pocas cosas hay en esta vida que me inspiren más ternura que la imagen de un anciano. Un anciano sentado en el banco de un parque, sujetando el bastón, la mirada perdida en algún punto indefinido del suelo, viendo comer a las palomas, viendo cómo la gente corre por los senderos que discurren entre los árboles. Miran los viejos sin saber muy bien qué miran. Miran los viejos perdidos en sus pensamientos, quizá. Miran los viejos y a la mayoría de la gente no le importa lo que piensan mientras se les pasan las horas. No le importa lo que piensan al despertar por la mañana, casi siempre muy temprano, y observan levantarse el sol en el horizonte, quizá como un castigo.Cuando uno es joven —y también cuando no es tan joven pero todavía no es lo bastante mayor como para pensar que algún día se le caerán los dientes y habrá de caminar con bastón— no imagina que lo peor de llegar a viejo no son los muchos años, ni los dolores, ni la falta de recuerdos o los remordimientos por no haber aprovechado...

Cuentos en el autobús

No tengo demasiadas manías. No me importa llevar un chaleco amarillo, ver un gato negro o pasar por debajo de una escalera, y estoy seguro de que algo tan malo te puede suceder un martes y trece —o un viernes y trece— como, por ejemplo, hoy, miércoles treinta de octubre. Pero hay una cosa que hago habitualmente que tal vez pueda considerarse, si bien no exactamente una manía, sí una costumbre antigua contra la que no puedo, contra la que no estoy dispuesto a luchar.Cuando sé que voy a tener que pasar un rato esperando, cuando voy al dentista, cuando quedo con algún amigo en cuyo vocabulario no existe la palabra puntualidad, incluso cuando voy a emprender un viaje en coche y sé que seguramente no me hará falta pero también pienso que a lo mejor puedo tener una avería y quedarme varado en la carretera sin nada mejor que hacer, me echo un libro en la mochila, un libro que esté leyendo en ese momento, o un libro al que hace tiempo que deseaba hincarle el diente. Muchas veces ni siquiera te...

Inventar mentiras

Me acuerdo de las películas que veía de niño, Sesión de Tarde los sábados, después de los dibujos animados, cuando sólo había dos cadenas de televisión. Me acuerdo de las películas de aventuras de Burt Lancaster, de Gregory Peck o de Robert Taylor, de las películas en blanco y negro que llenaban los fines de semana. Una, que vi más de una vez, me gustaba mucho, El joven Edison, con Mickey Roonie. Mi escena favorita era cuando operaban a la madre, y no había bastante luz, así que Edison, apenas un mozalbete, dispuso una serie de espejos junto las velas, alrededor de la mesa donde su madre iba a ser intervenida, y la iluminación prodigiosa suscitó un comentario del médico, sorprendido ante el descubrimiento de lo que después sería algo que hoy tenemos tan a mano que no nos damos cuenta de su importancia: me refiero a la bombilla.Probablemente la realidad fue mucho más prosaica. Seguro que Thomas Alva Edison llegó a descubrir esa maravilla de otra forma, pero no me importa. Hace muchos añ...

El soso

Tenía entendido que uno de los principios fundamentales del Derecho era la Presunción de Inocencia. Es decir, alguien es inocente mientras no se demuestre lo contrario. En base a esto es lícito, supongo, que quien ejerza —o se adjudique— el cargo de fiscal ponga todos los medios posibles para demostrar la culpabilidad del acusado, pero resulta aterrador saber que quien tiene la potestad de castigar asegure que piensa hacerlo de todos modos, sobre todo si está convencido de la culpabilidad de aquel a quien quiere infligir un castigo.Después de haber viajado allí varias veces, Estados Unidos es un país al que le tengo cierto aprecio. Es un lugar inmenso, una tierra llena de contradicciones, casi siempre fascinante, y me molesta la visión parcial que de Norteamérica se tiene muchas veces desde Europa, desde España. Para mí, el antiamericanismo feroz esgrimido por mucha gente —muchos de ellos dotados de un talento enorme— es tan absurdo, tan pueril, como las adhesiones estúpidas al America...

Las dueñas de Peregil

Tanto leer sobre tratados centenarios y no me había dado cuenta. Cuando los gendarmes marroquíes tuvieron la mala educación de desembarcar en la isla Perejil en julio pasado aprendimos más sobre los accidentes geográficos del norte de África que en todo un año de asistencia a clase. Yo, todavía no lo tengo claro —bueno, ahora sí, pero en julio andaba un poco despistado—, pero parece que el islote, aunque se encuentre a un tiro de piedra de Marruecos, es español.Tras el despropósito del desembarco marroquí, y después de la respuesta exagerada de los 28 boinas verdes españoles, no se había vuelto a hablar mucho de la isla Perejil, lo que, después de lo que había pasado en verano, era una gran noticia. Pero cuando parecía haberse llegado a un acuerdo tácito, por parte de España y Marruecos, para no volver a poner ninguno un pie en el peñasco, Rajma Lachili, la dueña de las cabras que pastan en la isla, ha salido a la palestra. La pobre mujer reclama al gobierno español que le indemnice po...

El sexo de los adolescentes

Tienen las relaciones sexuales algo de oscurantismo cuando se ven o se juzgan desde otras edades. Para muchos adultos, resulta impensable aceptar que hay bastantes adolescentes, casi siempre más cerca de la niñez que de la edad adulta, que practican sexo. Curiosamente, abundan también los jóvenes que piensan en el sexo de los adultos, en el sexo de los padres, como algo inexistente. Por parte de los adultos se tiende a pensar que los chavales siguen siendo niños, y por parte de los adolescentes se considera que los mayores ya no están para según qué cosas.Tal vez la peor actitud respecto al sexo sea no reconocer, o no querer reconocer, su existencia. Algunas niñas, con una edad todavía en que los padres piensan —y con razón— que deberían estar jugando con muñecas, albergan ya en su interior una criatura, su vientre se les hincha como por arte de magia, borrándoles de un plumazo la adolescencia, la niñez todavía. Leo en un periódico el titular de una noticia: una joven inglesa que se qu...

Crónicas marcianas

Pues nada, que ser famoso es rentable. Sólo hay que salir en la tele, soltar cuatro exabruptos —o seis, cuantos más mejor— y al final poner la mano para llevárselo calentito. Trabajar, como el chiste, que trabajen los romanos, o, si no, que trabajen los que no tienen la suerte de haber sido marido, novio o amante —da lo mismo, lo importante es que haya habido una cama en la historia— de algún famoso, o del hijo o la hija de algún famoso, o amante del amante del hijo de algún famoso, o del hermano, o del primo segundo. Lo importante es lanzar el bulo, y luego ir a la televisión y poner cara interesante, y decir, a ti te lo voy a contar yo, Mariñas, o Karmele, o como te llames. El siguiente capítulo, cariño, la semana que viene, con portada en una revista del corazón y previo tintineo en la caja registradora.Estos famosos, y los periodistas que los siguen y los encumbran se reproducen a la misma velocidad que los granos traviesos. Da la impresión de que incluso se asocian, y alguien debe...