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Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

Nochebuena

Hoy es Nochebuena y voy a confesar algo. Me paso once meses al año presumiendo de que no me gusta la Navidad. Once meses desdeñando todo lo que huela a celebración religiosa. Algunos amigos me llaman aguafiestas cuando les cuento que es poco menos que imposible saber la fecha del nacimiento de Cristo si ni siquiera estamos seguros de en qué año vino al Mundo. Mis amigos resoplan, se dan codazos cómplices y miran para otro lado cuando intento explicarles que una antigua religión llamada Mitraísmo celebraba el culto al sol el 25 de diciembre en la época que nació Jesús, y que la coincidencia de la fecha con la del alumbramiento del Mesías es poco menos que sospechosa. Pero ya no le cuento a nadie estas tonterías, aunque sean ciertas, y me guardo mucho de hacerlo en Navidad. Será que voy cumpliendo años y me va llegando la hora de aceptar las cosas como son. Será que me estoy haciendo mayor, que estoy empezando a ser una persona adulta y no me queda más remedio que admitir que, aunque dur...

Navidad

La semana que viene empieza la Navidad. Aunque, para ser sincero, si he de atender a los recuerdos que tengo de cuando iba al colegio, la Navidad empezará el domingo, el día 22 de diciembre, cuando los niños de San Ildefonso empiecen la letanía de cada año, bien temprano, y miles de personas sostengan un décimo de Lotería entre los dedos con la ilusión legítima de pensar que tal vez este año pueda ser por fin que compremos un coche, que cambiemos las cañerías, que podamos dar la entrada del piso o, simplemente, alegrar la cena de Nochebuena con un buen jamón de Pata Negra.La Navidad ya no es como antes. La Navidad ya no empieza el 22 de diciembre, con los cánticos de San Ildefonso y la mesa camilla con la botella de anís y los mantecados. La Navidad tampoco termina con la vuelta al colegio, siempre con menos días de los necesarios para disfrutar de los juguetes. La semana pasada hablé aquí de los calendarios, y hoy voy a contar que los calendarios ya no son tampoco lo que eran. Bueno, ...

Mal gusto

Antes las ejecuciones se convertían en un espectáculo público. La gente acudía en masa desde otros puntos de la ciudad —desde otras poblaciones, incluso— al lugar donde fuera a producirse el acontecimiento. En las películas del Oeste se ve claramente a la gente agolpada en torno a la siniestra ele invertida de donde pende la soga que apretará el cuello de un condenado. En España —no han pasado tantos siglos— la muchedumbre se apretujaba en las plazas ante la macabra visión de unos cuerpos ardiendo en la pira de un Auto de Fe.Será porque nos sigue gustando la sangre —sobre todo la sangre que no derramamos nosotros— la razón por la que no podemos impedir taparnos los ojos ante la visión de un acto horrendo, un acto repulsivo, pero muchas veces separamos un poco los dedos que nos cubren la cara, como si no quisiéramos ver pero tampoco pudiéramos evitar el impulso que nos obliga —a pesar de sentir miedo o repulsión— a grabarlo todo en nuestra memoria.Puede que éste haya sido el motivo del ...

Los calendarios eróticos

Aunque muchos talleres mecánicos se hayan convertido en lugares tan asépticos como un hospital —bueno, más asépticos incluso que algunos hospitales— en la mayoría de las paredes de los que frecuento todavía cuelgan —por fortuna— esos calendarios de mujeres ligeras de ropa, esos calendarios regalados por algún proveedor generoso que tuvo un día la idea original —o la intención de buen samaritano— de alegrar el tiempo de quienes pasan ocho horas de una dura jornada entre las cuatro paredes grasientas del taller. Los calendarios —sobre todo el de la multinacional Würth, que es el que más veces me he encontrado— colgados de una chincheta rudimentaria en la pared de un taller mecánico, de una carpintería, de una herrería o de un almacén de electricidad o ferretería, se han convertido en un clásico, en un clásico con tanto derecho a serlo como los partidos Madrid-Barça o los toros de Osborne que alguien tuvo la maravillosa idea de no retirar de nuestras carreteras. Gracias desde aquí a Bigas...

El día que yo nací

Siempre he pensado que nacer en un sitio determinado no tiene mérito. Igual que nacer hombre o nacer mujer es una cuestión de suerte, es una cuestión del azar puñetero que determinará grandes parcelas de nuestra existencia. No es lo mismo nacer hombre o mujer en Madrid, en Sevilla, en Cádiz o en Granada, que asomar la cabeza al mundo en Nairobi, en Kabul o en Addis Abeba. La fecha de nacimiento también es una cuestión azarosa, un hecho aleatorio que para nada depende de la voluntad de quien estalla en el primer llanto de su vida. Sin embargo, aunque como digo, no sucedió cuando yo lo elegí, hoy voy a hablaros de mi fecha de nacimiento. Hoy voy a hablaros del día que yo nací.Todos los veranos hojeo el periódico, buscando la efeméride. En algunos sitios aparece el acontecimiento un día después, pero la mayoría de las veces coincide con mi fecha de nacimiento. Hace años me dediqué a investigar el asunto, y sí, efectivamente, descubrí que mis padres siempre me dijeron la verdad: el 20 de j...

La ironía

Estoy convencido de que el sentido del humor es un signo inequívoco de inteligencia. Puede haber inteligencia sin sentido del humor, pero encuentro difícil que una persona pueda reírse de sí misma, que las palabras de alguien destilen cierta ironía, incluso un leve sarcasmo, sin tratarse de un ser humano dotado de una inteligencia peculiar. La ironía —incluso el cinismo, que no es más que ironía con un punto más ácido—, son los únicos recursos que nos quedan a menudo para poder explicar —o para poder entender— el mundo que nos circunda.En el Puerto de Santa María se ha celebrado el Décimo Congreso Internacional Luis Goytisolo con una reflexión sobre la ironía. Destacados intelectuales han puesto de manifiesto el poder de un arma tan afilada como inofensiva. Veintiséis comunicantes han hablado sobre la ironía a más de ochenta oyentes de ámbito universitario, a más de ochenta oyentes de facultades como las de Sevilla, Cádiz, Barcelona, Alcalá de Henares, Oviedo y Almería. Estudiantes que...

Las buenas costumbres

Mira que no quería hablar de esto. La semana pasada obvié el tema deliberadamente, Como quien no quiere la cosa, cerraba los puños para que no me volaran los dedos sobre el teclado de mi ordenador, apretaba los labios delante del micrófono para no hacer ningún comentario. Hasta incluso pensé no aparecer por la radio el miércoles por si no podía resistirme a sacar a colación la noticia, pero llegué a la conclusión de que lo mejor era que no fuese noticia, que ni siquiera merecía una frase, pensaba que tal vez fuese hora de irnos acostumbrando a estas cosas, que tal vez fuese hora de que empezásemos a aceptarlas. También, la decisión de la Guardia Civil fue tan rápida que nos sorprendió a todos, fue tan rápida y tan moderna que no dejaba lugar a la polémica ni a la demagogia barata, así que me dije, asunto zanjado, Andrés, no des la murga hoy a los oyentes con lo del Guardia Civil homosexual que ha solicitado vivir con su novio en la casa cuartel, porque la historia ya se ha resuelto fav...