Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

Nochebuena

Hoy es Nochebuena y voy a confesar algo. Me paso once meses al año presumiendo de que no me gusta la Navidad. Once meses desdeñando todo lo que huela a celebración religiosa. Algunos amigos me llaman aguafiestas cuando les cuento que es poco menos que imposible saber la fecha del nacimiento de Cristo si ni siquiera estamos seguros de en qué año vino al Mundo. Mis amigos resoplan, se dan codazos cómplices y miran para otro lado cuando intento explicarles que una antigua religión llamada Mitraísmo celebraba el culto al sol el 25 de diciembre en la época que nació Jesús, y que la coincidencia de la fecha con la del alumbramiento del Mesías es poco menos que sospechosa. Pero ya no le cuento a nadie estas tonterías, aunque sean ciertas, y me guardo mucho de hacerlo en Navidad. Será que voy cumpliendo años y me va llegando la hora de aceptar las cosas como son. Será que me estoy haciendo mayor, que estoy empezando a ser una persona adulta y no me queda más remedio que admitir que, aunque durante el resto del año proteste, cuando llega el 24 de diciembre a veces se me pone la carne de gallina. Cuando llega este día soy incapaz de estar lejos de mi casa, no puedo dejar de llamar a mis amigos para felicitarlos. Cuando llega este día soy incapaz de no estar junto a mi familia, incapaz de no pasar el día con mis padres, con mi hermana, con mis sobrinos, que son pequeños y disfrutan la Navidad como cuando yo también era un niño y no sabía que algún día dudaría de la sinceridad de estas fiestas. Será que lo de menos es que sea Nochebuena. A partir de enero ya tendremos tiempo de discutir, si hace falta, de si esto es verdad o es mentira. Será que lo que más me importa hoy —como estoy seguro de que también le importa a todos ustedes— es estar con los míos, y ser feliz. Que tengan una Feliz Navidad.

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