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Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

Eutanasia

Ya ves, Cristóbal, ha vuelto a pasar, y el caso es que pasa de vez en cuando. No me refiero al escándalo de la filatelia, que eso lo dejaremos para otra separata, un día que me apetezca hablar de estafadores, de sinvergüenzas o de piratas, sino que estoy hablando de Jorge León, que aunque no se ha hecho tan famoso como Ramón Sampedro, también ha tenido que acabar con su vida a escondidas, urdiendo una telaraña que emborrone el nombre de la persona que le ha ayudado a terminar con todo. Y es que, nos guste o no, lo cierto es que hay mucha gente que vive amarrada a un cuerpo del que no puede desprendese porque sus músculos no le obedecen, y no me cabe duda de que el dra-ma es mucho más intenso que las historias que nos han contado en el cine Alejandro Amenábar o Clint Eastwood. Yo, qué quieres que te diga, te voy a decir la verdad, aunque no le guste a muchos oyentes: a mí me parece muy triste que una persona, en pleno uso de sus facultades mentales, no pueda decidir por ella misma lo qu...

La felicidad

Pues sí, Cristóbal, el otro día leí una noticia que me llamó la atención y enseguida me puse a reflexionar sobre ello. Resulta que, igual que podemos aprender a leer o a escribir, igual que pode mos aprender a conducir o a hablar con un micrófono delante sin que se nos note el vértigo porque al otro lado hay unos cuantos miles de oyentes, también podemos aprender a ser felices y, además, no afrontando la felicidad como algo abstracto, sino como una asignatura, con sus apuntes, sus clases teóricas, incluso con exámenes y todo. Ya sé que te puede sonar un poco a broma todo esto, Cristó bal , pero en la Universidad de Harvard no piensan lo mismo. Si te soy sincero, a mí también me sona ba un poco a cachondeo, pero, ya te digo, cuando he leído detenidamente la noticia y me he puesto a reflexionar sobre ello no me ha parecido tan raro, y eso que, fíjate, hace un par de semanas me pre guntabas en el programa por una palabra que me gustase mucho, y yo elegí la palabra alegría porque, como...

Premonición macabra

Parecía que no, Cristóbal, pero al final ha sido que sí. Me refiero a las víctimas del tráfico durante la Semana Santa. Llevábamos semanas viendo esos anuncios en los que una telefonista anti cipaba que iba a haber cien víctimas y, si te digo la verdad, hasta me había creído que al final serían menos, que con la advertencia de los ciento cinco muertos del año pasado que hemos visto en los car teles electrónicos de las autopistas, este año la cifra se reduciría, aunque fuera sólo un poquito. Pero no. Lo que me pasa es que soy un iluso, y no pierdo la inocencia aunque al conducir por una autovía se me pegue al culo un tipo con mucha prisa, dándome ráfagas con las luces como si le fuera la vida en llegar cinco minutos antes. Ya te digo, un iluso a pesar de ver adelantamientos en cambio de rasante, en línea continua, al tiempo que el conductor está hablando por el móvil. Yo no sé a ti, Cristóbal, pero a mí no me parecen todas las víctimas iguales, es más, muchos de los que han caído tal ...

Al Capone en Marbella

Bueno, Cristóbal, dicen que se veía venir, aunque tampoco es como para presumir de clarivi dencia , digo yo. Me refiero a lo de Marbella , que desde ayer he escuchado nosecuantas veces que desde hace quince años estaba claro que algo así pasaría. Y fíjate en la movida de ayer en Marbella , la policía en plan Intocables de Elliot Ness , interviniendo en el ayuntamiento y en las oficinas de la policía local para acabar con la corrupción de un solo tajo. Lo gracioso del asunto, Cristóbal, es que Al Capone hace mucho que se mudó de Chicago , y ahora vive en un chalet de lujo de la Milla de Oro, y hasta las botellas de licor con las que traficaban los gánsters durante la Ley Seca se me antojan, con la perspectiva que da el tiempo, más románticas o más poéticas que los vulgares ladrillos, el cemento y las recalificaciones que han convertido un lugar estupendo como Marbella en una broma del mal gusto. Parece que la Justicia al final funciona, aunque sea un poco tarde y en lugar de Justic...

Sin tarjeta

Ya ves, Cristóbal, he estado un par de semanas en dique seco, perdido y en el lodo, como di-rían Los Panchos. Y todo por culpa de un objeto que no mide más de siete centímetros de ancho por cuatro de alto: mi tarjeta de crédito, que un día, cuando fui a sacar dinero, se la tragó el cajero, y yo ahí, mirando la pantalla con cara de tonto, escrutando el almanque para ver si era el día el Día de los Inocentes, dando golpes al cajero, como un energúmeno, hasta me dolió la mano. Pero nada, Cris tóbal , la tarjeta se quedó dentro y yo sin un duro ―bueno, sin un céntimo―. Desde aquel día, lo pri mero que hice cada mañana fue llamar al banco, consternado, a ver si me habían mandado una tarjeta nueva, porque la otra me explicaron que el cajero se la tragó porque estaba tan vieja y deteriorada que ya no servía nada más que para chatarra. Y, ¿sabes una cosa? lo que más me molesta de esto, Cristóbal, no es haber perdido la tarjeta, sino que me haya importado tanto estar unos días sin llevar la t...

Adiós a las armas

Bueno, Cristóbal, yo ya tenía escrita otra separata, la verdad. La escribí hace un par de dí-as, y justo cuando la acababa de archivar en el disco duro de mi ordenador, me llaman por teléfono para que encienda la radio: corre, Andrés, pon la radio: ETA ha abandonado las armas. Hay que ver, he acabado de escribir esta frase, y me he quedado parado un momento antes de continuar, fíjate. Vuelvo a escribirla: ETA ha abandonado las armas. Quién me iba a decir a mí que iba a escuchar esta frase, que luego la iba a escribir en un papel y mucho menos que la repetiría en un medio de comuni cación , si ya se derramaba sangre en nombre de ETA antes de que yo naciera. Y aquí estamos, cele brándolo . Hoy empieza el alto el fuego, y por muy malo, por muy defectuoso, por muchos flecos o por mucha desconfianza que despierte, tenemos que estar todos contentos. Y ojalá que dure. Tal vez, Cristóbal, deberíamos plantar otro árbol en la puerta C del Estadio Olímpico, igual que se hizo el otro día para ...

Adiós a las armas

Bueno, Cristóbal, yo ya tenía escrita otra separata, la verdad. La escribí hace un par de dí-as, y justo cuando la acababa de archivar en el disco duro de mi ordenador, me llaman por teléfono para que encienda la radio: corre, Andrés, pon la radio: ETA ha abandonado las armas. Hay que ver, he acabado de escribir esta frase, y me he quedado parado un momento antes de continuar, fíjate. Vuelvo a escribirla: ETA ha abandonado las armas. Quién me iba a decir a mí que iba a escuchar esta frase, que luego la iba a escribir en un papel y mucho menos que la repetiría en un medio de comuni cación , si ya se derramaba sangre en nombre de ETA antes de que yo naciera. Y aquí estamos, cele brándolo . Hoy empieza el alto el fuego, y por muy malo, por muy defectuoso, por muchos flecos o por mucha desconfianza que despierte, tenemos que estar todos contentos. Y ojalá que dure. Tal vez, Cristóbal, deberíamos plantar otro árbol en la puerta C del Estadio Olímpico, igual que se hizo el otro día para ...