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Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

Retorno al pasado

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                    Resulta extraña la sensación de volver a leer un libro que leíste hace años. Por mucho que quieras nunca podrás verlo igual, sobre todo porque tú tampoco eres la misma persona que lo leyó la primera vez. Pero no menos raro es volver a corregir una novela tuya que escribiste hace once años y publicaste hace ocho. Aprovechando que Debolsillo vuelve a editar La clave Pinner en julio, vuelvo a leer y a corregir la novela después de tanto tiempo. Nada grave: cambiar alguna palabra, mover alguna coma. La trama y la estructura me gustan igual que hace una década. Disfruto lo que leo con un rotulador rojo preparado para marcar los cambios. Es verdad que La clave Pinner es muy especial para mí. Desde que empecé a pergeñar historias había querido escribir una novela de espías de carne hueso, gente corriente que se ve obligada a hacer cosas extraordinarias, un libro en el que pasaran muchas cosas y los sentimientos fuera...

Juego de tronos

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Cuando alguien me pregunta si prefiero leer una novela o ver su versión cinematográfica siempre recurro a una conocida viñeta en la que una cabra está masticando un trozo de celuloide y le dice a otra: “pues a mí me gustó más el libro”. Parece una frase sacada de una película de Woody Allen, pero creo que muestra bastante bien la comparación casi siempre absurda o innecesaria entre una novela y su versión cinematográfica o televisiva. El cine y los libros son dos medios diferentes, con sus propios códigos, y a mi juicio discutir sobre cuál es el más adecuado para contar una historia no tiene ningún sentido. Si acaso, son complementarios: ver en el cine una película después de haber leído la novela puede ilustrárnosla, y leer una novela después de haber visto su versión cinematográfica quizá nos amplíe gratamente la historia. Las dos experiencias pueden resultar placenteras, quiero decir. Todo el párrafo anterior viene a cuento porque hoy se estrena en España la segunda tempor...

Antitaurinos

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No soy un gran aficionado a los toros. Y mucho menos un entendido. Pero de vez en cuando veo alguna corrida. De tarde en tarde. Muy de tarde en tarde, puesto que hasta ayer hacía cinco años que no entraba en una plaza de toros, creo. Me gustan los toros de la misma forma que el fútbol: esto es, si la corrida o el partido me resultan entretenidos es posible que los vea. Si no, enseguida empiezo a aburrirme. Algo parecido me sucede con las novelas. Por eso muchas las abandono a los pocos capítulos de empezarlas. Pero no nos desviemos. Los toros, decía. Aunque a mí me gusten puedo llegar a entender que a mucha gente les resulte una fiesta salvaje y anacrónica. Incluso reconocer que tengan razón. Pero también digo sin reparos que ellos se lo pierden. Cinco años sin pisar la Maestranza en Sevilla y cada vez se parece menos a lo que estaba acostumbrado a ver. No sólo en el público que asiste a la corrida, porque aguafiestas, graciosillos a los que deberían poner un esparadrapo en la boca...

Espejismos

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                    Hoy es el aniversario de la inauguración de la Exposición Universal del 92 en Sevilla, y visto el acontecimiento con la perspectiva de dos décadas uno no deja de preguntarse cómo pudo (cómo pudimos) tanta gente caer en la trampa de pensar que después de aquella macroferia sevillana la ciudad sería la más moderna, la más visitada, la que mejores infraestructuras tendría, y que la prosperidad, tan efímera y tan esquiva, terminaría regando todos nuestros jardines, aunque sólo fuera un poco, lo bastante para sacudirnos la mugre o la pobreza. Pero igual que hoy se celebra el comienzo de la Expo 92 no estaría de más que dentro de seis meses alguien se encargase de recordar, aun a riesgo de quedar como un aguafiestas, que después del 12 de octubre de ese mismo año, no es que todo volviera a ser lo mismo, sino que las cosas se pusieron mucho peor que antes, la vida más difícil y el fantasma del paro y la crisis acechando...

Aviso para navegantes

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A menudo me preguntan los lectores y los amigos cómo funciona el negocio editorial, y uno, que ya lleva bastantes años disfrutándolo y sufriéndolo, casi siempre a partes iguales, se da cuenta de que, quizá por estar acostumbrado a la dinámica de escribir, publicar, unas veces con más suerte y otras con menos, no acaba de darse cuenta de que para la mayoría de la gente lo que sucede en este mundillo resulta tan oscuro como si se tratase de los arcanos de una secta. Una lectora me ha hecho llegar hoy este vídeo donde el escritor Andreu Martín explica diáfanamente y en sólo unos pocos minutos lo que sucede con la mayoría de los libros que se publican. Os aseguro que merece la pena verlo. Un aviso para navegantes interesados en meter la cabeza en el complicado mundo de los libros. Y como me gustaría que llegara al mayor número de personas, además de colgarlo hoy en Twitter y en Facebook también he querido ponerlo en el blog. A grandes rasgos, así es cómo funciona todo. Sólo añadiría que e...

Sálvese quien pueda

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                   No sé muy bien quién tiene la razón en el asunto de Repsol en Argentina. Palabra. Con estas cosas lo fácil es ponerse patriótico, colgar una bandera en el balcón y entonar el himno como quien canta una saeta. Uno es tan ingenuo o tan bienintencionado que, a pesar de lo parece tan claramente una agresión a una empresa española, piensa que alguna razón de peso habrá para que la presidenta argentina haya tomado esa decisión tan radical. Pero, ya digo, apenas tengo claro lo que está pasando, y mientras más periódicos leo o más telediarios me trago, más dudas me asaltan. Sin embargo, cada vez me aferro más a una certeza, no puedo evitarlo, y esa convicción, qué quieren que les diga, me irrita. Hay un conflicto entre España y Argentina. Y supongo que antes o después se resolverá de alguna forma. Eso es obvio, dirán ustedes. Pero, decía, tengo una certeza: por muchas declaracio...

Las tetas de Kate Winslet

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                    Si algo hay que reconocer a James Cameron, aparte del talento cinematográfico, es su habilidad para obtener beneficio de casi cualquier aventura que emprenda. No es casualidad que se haya atrevido a ser el primer hombre en bajar en solitario hasta el lecho de la fosa de las Marianas la misma semana que Titanic se estrena en 3D. Dicho esto, no puedo evitar sonreír al enterarme hoy de que el gobierno chino ha mutilado los planos de la película en tres dimensiones donde aparecen los pechos de Kate Winslet mientras Leonardo Di Caprio dibuja sus curvas. Otro golpe de suerte en forma de promoción gratuita. Y, al cabo, van a ser los chinos los que se lo pierdan. Las tetas de la Winslet, quiero decir. Yo recuerdo haber disfrutado mucho con Titanic cuando la vi en el cine, en las dos dimensiones de toda la vida. Pero, si soy sincero, dejando las bromas y las tetas aparte, los protagonistas de la película no me parecier...