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Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

La ropa de por si acaso. Tour de El silencio de tu nombre II

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Tengo la maldita manía de meter ropa de sobra en la maleta cuando voy de viaje: la que estoy seguro, o casi, de que me voy a poner, y la de por si acaso. Son apenas tres días, pero además de las mudas pertinentes traigo cuatro camisas, un par de camisetas y dos chaquetas. Pero en Barcelona estos días hace tanto calor como en Sevilla y la chaqueta es un estorbo que hay que llevar colgada del brazo mientras recorres la ciudad de entrevista en entrevista, siempre pendiente de ella al bajar de un taxi para que no se te olvide.  Desde muy temprano estoy con Irene, la chica de prensa de Random House en Barcelona que se va a encargar de acompañarme en los encuentros con los medios. Un estudio de radio a primera hora para grabar, y después de una rápida visita de cortesía a mi agente voy a la imponente sede de la editorial en Travesera de Gracia porque allí van a llamar de un par de programas de radio para entrevistarme y luego a comer con un viejo conocido de otras promociones, X...

Vacaciones de mí mismo. (Tour de El silencio de tu nombre I)

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Parecía que no iba a llegar el momento, pero nunca hay que tener prisa por lo inevitable. O, como dice mi madre, que es tan aficionada a los refranes: hambre que espera hartura no es hambre ninguna. Pasas la mañana haciendo la maleta y ultimando algunos detalles antes de salir para Barcelona, siempre un poco inquieto porque se te olvide algo importante: los billetes del AVE, el bono del hotel, los cuadernos, los libros de notas y los bolígrafos y el lápiz para subrayar. La promoción no va a empezar hasta mañana, y durante los dos próximos días voy a tener una agenda repleta de entrevistas: unos cuantos periódicos, algunas webs, varias radios, tres o cuatro televisiones. Cualquier hueco es importante para que los lectores se enteren de que El silencio de tu nombre ya está en la calle. Aunque oficialmente el libro no sale hasta mañana, algunos libreros y lectores han colgado fotos en las redes sociales con la novela en sus escaparates o en las manos. Siempre tiene algo de mágico par...

El silencio de tu nombre. Entrevista

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El próximo jueves estará en las librerías El silencio de tu nombre . Han sido dos años de trabajo. Ni más ni menos. A quien quiera saber qué va a encontrar en la novela lo animo a leer esta entrevista que me hicieron los de Plaza & Janés para incluirla en el dossier que está recibiendo la prensa. Por razones de espacio, en el dossier se tuvieron que eliminar algunas preguntas y respuestas. Aquí la tenéis completa. Creo que con esto el lector podrá hacerse una idea de El silencio de tu nombre .  "En  El silencio de tu nombre  he querido poner el dedo en la llaga: en España también hicimos negocios con los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, no tuvimos escrúpulos para abastecernos del oro saqueado en los países ocupados por Alemania, y después de la guerra nos encargamos de proporcionar a los nazis un refugio seguro, entorpecer el trabajo de quienes querían ponerlos delante de un tribunal o facilitarles la huida a otros lugares. Por afinidad política, amistad...

El público lee

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El jueves diluvia en Sevilla y me cuelo en un centro comercial. Uno de esos emporios a los que la crisis ha sacudido sin piedad y que, a medida que van cerrando las tiendas más persistentes, se ha convertido en una suerte de restos arqueológicos con telarañas colgando de los altos techos y los suelos de madera podridos por la humedad o la falta de uso. Ya no quedan abiertas ni la mitad de las tiendas, y las que aún no han cerrado tienen un aire funerario o de enfermo terminal que espanta a los clientes o sólo atrae a los buitres dispuestos a rapiñar el género que se liquida en las estanterías medio vacías. Con tantas nubes en el cielo no es el mejor día para pasear por un centro comercial moribundo, pero tampoco es mucho mejor quedarse en casa viendo la tele o encender la radio. La crisis parece una enfermedad contagiosa, una epidemia contra la que todos queremos protegernos porque la certeza de ser inmunes es imposible. Nadie está a salvo. Hace ocho años, cuando publiqué La ...

La línea de salida

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Gregorio es un amigo al que saco veinte años. Lo conocí cuando, siendo todavía un adolescente, se pedaleaba Sevilla de punta a punta, de noche -aún no había carril bici-, para ir a entrenar. Me recordaba a mí cuando tenía su edad: yo era capaz de privarme de unos días de playa en verano para no perderme una clase de karate. Y también porque le gustaba el cine y había leído alguna novela mía. Pero sobre todo me caía bien porque, a pesar de tantas bromas que soportaba de los veteranos en la escuela de karate, nunca le vi perder la sonrisa ni las formas. Y para eso hay que ser muy inteligente. Gregorio es uno de esos chavales que después de dejarse las pestañas estudiando ha tenido el coraje de irse al extranjero a buscarse la vida. Creo que lleva ya tres años en Inglaterra. No me extraña que le vayan bien las cosas. Y yo que me alegro. Casi siempre a los buenos corredores se les reconoce en la línea de salida, y cuando hace unos años Gregorio me dijo que hacía las maletas y se marc...

La sencillez luminosa

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Siento una gran admiración por la gente que, siendo tan buena en alguna cosa, en lugar de afirmarse continuamente fanfarroneando como un pavo real delante de los demás, cuando alguien le pide que demuestre su habilidades en público amaga una sonrisa tímida, casi forzada, y niega amablemente. Igual que desprecio las conversaciones zafias entre amigos que cuentan o se inventan sus aventuras sexuales y miro para otro lado o pienso en otra cosa mientras finjo prestar atención, me rindo ante la muestra de apabullante sencillez de muchas personas notables. Ayer contaba un periodista en un programa de radio que una vez, yendo de camino a una entrevista con la ex presidente nicaragüense Violeta Chamorro, se le descosió un botón del pantalón, y cuando la mujer poderosa a la que estaba entrevistando se percató de su incomodidad y le preguntó el motivo, sucedió lo que jamás habría imaginado: ella misma se ofreció a coserle el botón mientras él esperaba en una habitación contigua en calzonci...

Posponer la felicidad

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Aunque no me gusta el calor esperaba que el verano se prolongase un poco, al menos hasta mediados de octubre, igual que el año pasado. Tengo alguna foto del otoño anterior, en la playa. Como voy poco a la playa en verano procuro aprovechar para escaparme unos días antes de que llegue el frío, bañarme un rato. No sé. Lo que hace mucha gente en verano pero yo siempre pospongo con el riesgo de que algún año el verano termine cuando lo marca el calendario. A pesar de la frustración me consuelan las nubes y la fina lluvia en el sur, levantarme por la mañana y tener incluso que abrigarme para sentarme en el despacho. Seguro que las nubes y la lluvia desaparecerán y el calor volverá, a ráfagas, hasta quizá finales de octubre, pero yo ya no estaré en el sur. Y el único consuelo será que el verano sucederá otra vez, y quizá seré tan torpe para esperar otra vez a disfrutar de la playa en otoño. Quizá no sea tan bueno retrasar la felicidad cuando uno la tiene al alcance de la mano. ...