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Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

Escritores pobres, pobres escritores

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Al relacionarme con amigos norteamericanos siempre me ha sorprendido la naturalidad con la que se habla de dinero. En una sociedad en la que se tiene asumido sin complejos el éxito como una meta importante en la vida no resulta extraño que alguien te cuente, y no necesariamente con petulancia, lo que le ha costado su casa o el dinero que ha ganado su hijo ese año, que además esta enfadado, te lo explica con una sonrisa, porque ha de pagar impuestos, o te pregunte abiertamente el dinero que ganas en tu oficio. En España es diferente, probablemente porque este país tiene una mayor e inevitable tendencia a la envidia y a la mala leche y hemos mamado eso de no hacernos notar, o será porque aún nos quedan ecos de siglos de Inquisición ―ya sabéis: con la Inquisición, chitón― o de la dictadura, y a todos nos enseñaron desde pequeñitos que, de política y de dinero, cuanto menos se hable mucho mejor. Puede que por eso jamás he preguntado a un amigo, por mucha confianza que tenga con él, cu...

Gravity

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Me siento a ver Gravity sin estar muy seguro de lo que me voy a encontrar. La otra opción es Prisioneros , pero aunque también me apetece ver la de Hugh Jackman al final se impone esa lógica que habla de que quienes entran en una sala de cine están más predispuestos a ver un espectáculo. Muy probablemente veré  Prisioneros , pero no sé si en el cine o cuando la estrenen en Canal +, y ahora que caigo no sé por qué he mencionado eso del espectáculo, ya que también quiero ver la última de Daniel Sánchez Arévalo y no quiero perderme la de David Trueba cuando la estrenen. Quizá sea más sencillo y sólo se trate de lo que te apetezca en cada momento. Ayer me apetecía Gravity . Eso es todo. Yo creo que Gravity es de esas películas que a mucha gente fascinará pero también a otra mucha la dejará indiferente o decepcionará. Yo soy de los que se van a situar en un término medio. Bueno, sí, pero un poco escorado hacia el grupo de los primeros, porque merece la pena ver Gravity , y mere...

Tanta buena gente

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Me divierte que a tantos lectores sorprenda mi gusto por el karate. Alguna vez, si la ocasión lo merece, cuelgo una foto en Facebook dedicando una novela a un compañero de tatami, o junto al Maestro si viene a visitarme a la feria del Libro, y al personal le sorprende. El caso es que no suelo hablar mucho del karate en esta bitácora ni en las redes sociales, seguro porque lo practico desde hace tantos años ―la afición por el karate me ha durado más que cualquier novia, trabajo, negocio o incluso la mayoría de mis amigos― y es algo demasiado íntimo. Es verdad que, como decía un amigo el otro día, planchar el karategui (la ropa se llama así, no kimono), doblarlo y guardarlo en la bolsa antes de ir a entrenar tiene algo de litúrgico y, con la distancia y las diferencias oportunas, por supuesto, quizá se asemeje a la emoción de vestirse de nazareno, pero no puedo estar seguro porque quien firma esta entrada en el blog jamás ha desfilado en procesión con un capirote y un cirio en la ma...

Horario europeo

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Anoche me dormí a deshoras porque me quedé en la terraza mirando un cielo limpio de nubes y apareció una estrella fugaz. Aunque no sean más que meteoritos, esas luces que cruzan a veces el cielo y que cuando más impresionan es a la luz del día siempre me parecen una oportunidad para pedir un deseo o, como mínimo, el motivo para apuntar una sonrisa. Pero acostarme tarde por la observación astronómica me descoloca un poco hoy, y después de ver una película quiero salir a andar por el campo —lo siento, la palabra senderismo siempre me ha parecido una cursilería— pero me doy cuenta con pena de que el sol se esconderá pronto en el horizonte y apenas podré caminar un rato. Escribo esta entrada cuando pasan quince minutos de las ocho de la tarde y ya es casi de noche. Me acuerdo de las veces que he escuchado hablar en los medios de comunicación estos días sobre el cambio de hora. Según nos corresponde por el meridiano ahora debería ser una hora menos, y para que nuestros ritmos fueran pa...

Tom Clancy

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Anoche me enteré de que se había muerto Tom Clancy, que con toda seguridad no pasará a la historia como un virtuoso de la Literatura pero presumía de lo que sólo unos cuantos autores de ahora pueden: tener millones de lectores. Creo que Ronald Reagan dijo alguna vez que era su escritor favorito, y probablemente esa afirmación no le hizo mucho bien. Yo sólo he leído dos novelas de Tom Clancy, hace muchos años, y aunque al hacerlo uno puede entender por qué fueron las favoritas del presidente Reagan (enseguida aflora cierto tufillo reaccionario), he de decir que la primera de ellas me la zampé con la emoción del adolescente que era. En España se publicó en 1987, si no me falla la memoria, con el título La caza del submarino ruso , aunque luego se reeditó y se le cambió convenientemente el título por el suyo original en inglés, el mismo que llevaba la película: La caza del Octubre Rojo . Consideraciones literarias aparte, que ni me corresponden ni me apetecen, he de decir que la prem...

Críticas contaminantes

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Sé que ahora es lo habitual cuando alguien quiere enterarse de qué va una película o un libro antes de leerlo o pagar la entrada en el cine, pero a mí me gusta hacerlo al revés. Quiero decir que lo más lógico es entrar en el foro de turno y leer los comentarios que ha dejado el personal. Y no es una mala idea, pues generalmente las opiniones de los otros sirven como guía. O pueden servir. Pero será porque antes, cuando no existía Internet, a mí me gustaba ir a ver una película o leer un libro sin haber leído una sola crítica sobre ellos, ahora tampoco me gusta entrar en los foros para saber lo que piensan los demás. Hoy he hecho la prueba para ver lo que dicen por ahí sobre una película que he visto hace poco y me ha decepcionado y una serie que me ha encantado. Algunos espectadores opinan lo mismo que yo y otros opinan lo contrario, faltaría más. Al cabo, cuando me siento a ver una película o a leer una novela no soy más que un lector o un espectador cualquiera. Y leer críticas a...

La foto fálica

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Sólo rompo la disciplina marcial de escribir por las mañanas si hay un motivo muy importante. El de hoy merecía la pena, sin duda. Me había escrito Daniel Mordzinski para decirme que se inauguraba su exposición en la Casa de la Provincia en Sevilla y que él andaría por allí, lo que resulta la excusa perfecta para no sentirte culpable por alejarte de los folios y de tu despacho durante unas horas. Además, cualquiera que haya llegado hasta la plaza del Triunfo en Sevilla alguna vez paseando desde la calle Miguel de Mañara sabrá que resistirse es poco menos que imposible. Con Mordzinski estuve en Sevilla en julio, y ya dejé constancia en el blog de por qué me acabó retratando con una caña de pescar y una pistola de agua en el Guadalquivir . Sus fotos van a estar durante un par de meses expuestas en la ciudad y luego se podrán ver en otros sitios. Os aseguro que merece la pena acercarse. Docenas de instantáneas de las que podrían contarse docenas de historias. El fotógrafo las ha vivi...