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Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

Un país de freaks

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En mi familia la Pantoja era una institución. Hace muchos años mi madre y mi hermana dejaban cualquier cosa que estuvieran haciendo para verla cantar en la tele. Nunca lo entendí ni lo compartí. Tampoco era grave. Le pasaba ―le pasa― a más de uno. Algo bueno debe de tener la folclórica si a tanta gente le gusta. Yo siempre he sido bastante impermeable a todo lo que tiene que ver con las fiestas autóctonas andaluzas ―bueno, no sólo andaluzas, porque tampoco me interesan mucho los Sanfermines o la tomatina de Buñol ―, y ya hace años que ni siquiera me molesto en dar explicaciones cuando alguien levanta las cejas, extrañado, si me pregunta por el Rocío y le digo que la peregrinación anual a la ermita almonteña me interesa más o menos lo mismo que la vida sexual de los caracoles, aunque, ahora que lo escribo, no sé nada sobre la vida sexual de los caracoles y tal vez sea apasionante. Habrá que investigar. Respeto a quien le guste la Pantoja , faltaría más, pero anoche me pongo a...

El tango de la Guardia Vieja

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Hace veintiún veranos que descubrí a Arturo Pérez-Reverte. Como escritor, digo. Ya estaba acostumbrado a verlo en la tele, micrófono en mano en la primera guerra del golfo, y sabía que era el autor de una novela que había sido adaptada al cine, El maestro de esgrima . Lo vi en una entrevista hablar de El club Dumas , que acababa de publicar, y en las páginas de ese libro encontré algo diferente: era entretenido, mucho, estaba muy bien escrito, y además casi todo sucedía en España. He leído, creo, todo lo que ha publicado el maestro Pérez-Reverte ―lo de maestro no es gratuito ni peloteo, sino una manera de mostrar respeto― desde entonces, y también las dos novelas que precedieron a la que protagonizaba Lucas Corso, el cazador de libros: El maestro de esgrima y El húsar . Dos décadas después del primer libro de Pérez-Reverte que leí, no soy el mismo, claro. Supongo que él tampoco. Además, ahora escribo mis propias novelas, el colmillo se me ha retorcido irremediablente, y me cuest...

Vagones silenciosos

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Parece que por fin van a poner unos vagones en el AVE en los que se podrá viajar en silencio, sin timbres de teléfonos móviles que dejen al descubierto el mal gusto de quienes los usan ni conversaciones que no interesan al que viaja en el asiento de al lado o seis filas más allá, según lo elevado del tono. Yo ya había estado en algún vagón de estos, hace años, fuera de España, y me alegra que, aunque con retraso, esa posibilidad también la tengamos quienes frecuentamos el trayecto entre Sevilla y Madrid ―parece que es el primer trayecto donde se pondrá en funcionamiento, y luego se extenderá a los demás recorridos del tren de alta velocidad―. Pero no sé hasta qué punto será posible en un país donde el ruido parece ser un acervo cultural tan arraigado como el folclore, si al primero que le recuerde en el AVE a un viajero con un politono hortera que está viajando en un vagón silencioso  lo llamarán aguafiestas o intolerante. Más de uno debería detenerse a pensar lo tolerantes ...

El niño que no quería ser astronauta

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Entrevista / Andrés Pérez Domínguez El niño que no quería ser astronauta Óscar Gómez / SEVILLA Al mismo tiempo que un hombre pisaba por primera vez la superficie de la Luna, otro hombre veía por primera vez la luz del mundo en Sevilla. Y no deja de tener gracia que, cuarenta y cinco años después, diga que sus padres “se habrían sorprendido menos si les hubiera dicho que quería ser astronauta” . La afirmación la hace Andrés Pérez Domínguez , que con cinco novelas publicadas, más de un centenar de premios literarios y varias decenas de miles de ejemplares de sus libros vendidos, aún siente pudor de decir públicamente que es escritor. “Cuando relleno un formulario en el que tengo que escribir mi profesión, todavía dudo” , confiesa el autor, que termina el último borrador de su próxima novela, con una trama policial ambientada en la actualidad, en Sevilla. Asegura que su actividad como escritor fue absolutamente clandestina durante mucho tiempo: “sólo mi familia y un par de am...

La paciencia

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No tengo muchos motivos para quejarme, y aunque acepto las cosas como vienen si no me queda más remedio, eso no significa conformismo. En este oficio, como en cualquier oficio, como en la vida, vaya, me podría ir mejor, claro, pero también peor. No escondo que tengo algunas espinitas clavadas: proyectos que no salieron adelante, traducciones o adaptaciones al cine que no cuajaron, premios que se escaparon cuando parecían estar al alcance de la mano . Pero no me quejo, digo. Casi veinte años estrujándome la cabeza y poniéndolo negro sobre blanco, va ya para una década que me dieron el bautizo en una editorial comercial y todavía sigo aquí. En la escritura, todo lo que no sea estar en tu despacho encerrado jugando a “imaginemos que” resulta imposible controlar. Aprendí hace muchos años a ser paciente, o tal vez la paciencia ya la traía de fábrica y no lo recuerdo, pero lo primero que debe aprender un escritor que empieza es que la lentitud es inherente no sólo a la creación literari...

Firmas en la Feria del Libro de Sevilla

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Amigos, el viernes 30 de mayo estaré firmando ejemplares de mis libros en la Feria del Libro de Sevilla. Éstas son las coordenadas: -De 20 a 21 h en la caseta de Casa del Libro. -De 21 a 22 h en la caseta de Repiso Pues eso, si queréis acompañarme, por allí andaré www.twitter.com/aperezdominguez www.facebook.com/perezdominguezandres1

Ocho apellidos vascos

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Hasta el otro día yo era uno de los pocos españoles que no había visto todavía la que parece ser la película del año , o de la década: Ocho apellidos vascos . Mucha gente me hablaba de ella, pero me resistía a verla porque abomino de los tópicos , pero este fin de semana no me he podido resistir a la tentación, y reconozco mi error por no haber caído antes, por ser tan torpe para pensar que los tópicos no se pueden usar de una forma elegante e inteligente. No cuento lo que me he reído, porque decir Ocho apellidos vascos y carcajadas en la misma frase sería una redundancia, sino lo que uno descubre cuando escarba un poco en los gags, en lo que significan sobre las diferencias que nos separan, no sólo a los vascos y a los andaluces, sino a los catalanes y a los extremeños, a los asturianos de los aragoneses. A todos, vaya. España es diferente , dicen en el extranjero, pero también es muy diferente por dentro. Yo me suelo poner muy serio cuando de Despeñaperros para arriba alguie...