Oye, chaval

Imagen
A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

El principio de Peter

Del mismo modo que la Ley de Murphy dice que si algo puede salir mal, al final saldrá mal, el corolario de Peter afirma que, con el tiempo, todo puesto tiende a ser ocupado por alguien absolutamente incompetente para desempeñar sus funciones. No hace mucho leí un reportaje sobre la trayectoria de Ariel Sharon: a los 20 años ya demostraba su habilidad innata para el arte de la guerra en la primera guerra Árabe-Israelí, a los 28 era uno de los coroneles más laureados a las órdenes del tuerto Moshe Dayan, a los 39 se convirtió en uno de los artífices de la victoria de la guerra de los Seis Días y a los 44 se superó a si mismo en el Yom Kippur. Pese a sus demostradas dotes para los asuntos militares, en Sharon parece cumplirse la máxima de Peter: ha pasado de militar capaz a gobernante incompetente, un puesto en el que día a día se supera a sí mismo para demostrar sus escasas dotes políticas. Pero lo peor no es percatarse de algo que hasta el menos lúcido habría previsto, sino darse cuenta uno, estremecido, de la lentitud y la inoperancia de la ONU, del bochorno de Piqué y Solana ninguneados por un Sharon que hace oídos sordos a los llamamientos de una Europa a la que dice sin remilgos que no se meta en sus asuntos y un gobierno estadounidense que, muchas veces, demasiadas, calla, otorga, y mira para otro lado.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Hola y adiós

Nadar hasta que pueda

Regalo ejemplares de El factor Einstein