Oye, chaval

Imagen
A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

Los inocentes



Hoy se cumple un triste aniversario: hace sesenta y cinco años, por la tarde, comenzaba el bombardeo de Guernica. Los aviadores alemanes de la Legión Cóndor, acompañados de tres cazas italianos que se sumaron a la fiesta, dejaron caer sobre la ciudad vizcaína su carga letal. A pesar del tiempo que ha pasado, los historiadores no se ponen de acuerdo en cuanto al número de víctimas: al principio hablaban de miles, ahora de poco más de un centenar. Pero en las guerras, en los bombardeos traicioneros dirigidos con asepsia desde el cómodo sillón de una oficina, no debería importar mucho cuántos sino quiénes. Han pasado más de sesenta años desde aquella tarde trágica que se convirtió en símbolo de la infame guerra española pero a pesar de ello han caído demasiadas bombas, cada vez más sofisticadas, desde el cielo. Han pasado más de sesenta años, una conflagración mundial y un sinfín de conflictos locales que parecen las espitas por las que escapa el gas en una olla a presión que de otro modo reventaría en pedazos, pero lo único que no ha cambiado en las guerras, en las ciudades que son masacradas desde el cielo por pilotos que ven a sus víctimas como hormigas corriendo a refugiarse en las madrigueras, en el Madrid sitiado de la Guerra Civil, en Dresde, en Hiroshima, en Bagdad, en Nueva York o en Kabul, es que quienes más sufren el horror son los inocentes que no llevan uniforme.


© Andrés Pérez Domínguez, abril de 2002







Comentarios

Entradas populares de este blog

Hola y adiós

Nadar hasta que pueda

Regalo ejemplares de El factor Einstein