Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

Sin papeles

Pensaba, sin duda equivocadamente, que la Europa sin fronteras y la tan cacareada globalización facilitaría la vida de los habitantes del Viejo Continente. Ahora que uno puede viajar desde Berlín hasta Tarifa sin detenerse a sellar el pasaporte, enterarse de que alguien no puede salir de España por un problema de documentos se antoja una broma de pésimo gusto. Resulta que el hijo de unos inmigrantes subsaharianos que fue acogido de pequeño por una española no puede viajar a Inglaterra para encontrarse con su madre porque sus padres falsificaron su partida de nacimiento y el chaval, a pesar de tener catorce años, según la fría prosa de la burocracia no existe.
Como en la historia de Larra, la mujer española que lo acoge se ha paseado por las oficinas de la Administración sin que nadie pueda darle más solución que el manido “vuelva usted mañana”. Recuerdo que no hace mucho otro inmigrante, a pesar de tener nacionalidad española, no podía regresar de su país de origen después de unas vacaciones porque había perdido el DNI. Parece ser que si alguien no tiene papeles, si su nombre no figura inscrito en ningún sitio, es poco menos que un ente virtual y, aunque vaya al colegio todos los días y juegue al fútbol, su vida, sus recuerdos y sus sentimientos son tan falsos como los alienígenas de Rockwell y no le dejan atravesar unas fronteras que poco a poco el tiempo se encargará de difuminar.

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