Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

Cuéntame


Lo tengo que reconocer: yo el año pasado no veía la serie, pero sí me enganché con algunos de los episodios de Cuéntame que se repusieron en verano, después de medianoche. Así que el otoño pasado -no me da vergüenza confesarlo- me convertí en uno de los seguidores de la familia Alcántara. Y lo seguiré siendo ahora que vuelve a emitirse. Alguien me contó una vez que a su hijo le recomendaban en el colegio que viera la serie, para tener una idea aproximada de lo que era la vida entonces, supongo. Y es que, aunque la serie encabezada por Imanol Arias, como cualquier éxito que se precie, cuenta también con sus detractores, yo la encuentro necesaria: hace poco más de treinta años, apenas un suspiro, pero la ilusión de una familia levantándose de madrugada para ver encendida una televisión que aún no ha sido sintonizada, la impresión al contemplar las evoluciones de una lavadora centrifugando, no nos resultan, a poco que pensemos un poco, tan ajenas. Veo a los Alcántara temblar de miedo ante el inminente viaje de su hija a Londres, pronunciar el nombre de Franco en un susurro en la barra de un bar, emocionarse el primer día de universidad de su hijo, asombrarse al contemplar el mar por primera vez y, aunque no tengo edad para acordarme de entonces, soy consciente de que la generación que me precede, la de mis padres, ha tenido que luchar mucho para salir adelante, sin apenas estudios, a base de esfuerzo y de trabajo, muchas veces como el Antonio Alcántara de Cuéntame, pluriempleado para poder pagar las letras y sacar a los suyos adelante. Veo la serie y me doy cuenta de que el mundo ahora tal vez sea mejor, más moderno, más libre, pero que también somos un poco más egoístas.

© Andrés Pérez Domínguez, marzo de 2003

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