Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

Elecciones


Aunque nuestros políticos llevan varios meses tirándose los trastos a la cabeza, la campaña electoral ha empezado hace pocos días y terminará el próximo 23 de mayo a las doce de la noche, cuando todos los votantes, como buenos ciudadanos, nos iremos a dormir para levantarnos temprano y reflexionar el sábado a quién elegiremos el domingo. No sé ustedes, pero a mí, la verdad es que cada vez me cuesta más diferenciar a unos candidatos de otros. Miro los carteles que adornan la ciudad, las caras de los políticos repeinados, las sonrisas de niños buenos, las expresiones de aparente determinación, la parafernalia y el esfuerzo destinados a caernos bien, a convencernos de que les votemos, y me parecen todos iguales. Los miro y me recuerdan a esos niños caprichosos que conceden una tregua a sus padres y se portan bien durante un rato para conseguir lo que quieren, a esos maridos infieles que prometen no volver a faltar a sus deberes conyugales para conseguir un beso o una caricia. Será que cada vez soy más escéptico, más descreído; será que las promesas que escucho a los políticos se me antojan quimeras. Pero me gustaría que fueran verdad, si no todas, sí algunas de las cosas que nos ofrecen los políticos antes de las elecciones. Ojalá que después no tengamos que recurrir a los versos de Neruda: “qué corto es el amor, y que largo es el olvido”. Todavía nos queda una semana de propaganda, de promesas grandilocuentes, de carteles gigantescos, de confeti, de altavoces con el eslógan de turno bien alto. Siete días: tiempo más que suficiente para dar la vuelta a la tortilla. Que gane el mejor o, puestos a concluir el artículo en plan literario, como decían los lobos de Kipling: “Buena caza a todos”.

© Andrés Pérez Domínguez, mayo de 2003

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