Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

Elecciones


Aunque nuestros políticos llevan varios meses tirándose los trastos a la cabeza, la campaña electoral ha empezado hace pocos días y terminará el próximo 23 de mayo a las doce de la noche, cuando todos los votantes, como buenos ciudadanos, nos iremos a dormir para levantarnos temprano y reflexionar el sábado a quién elegiremos el domingo. No sé ustedes, pero a mí, la verdad es que cada vez me cuesta más diferenciar a unos candidatos de otros. Miro los carteles que adornan la ciudad, las caras de los políticos repeinados, las sonrisas de niños buenos, las expresiones de aparente determinación, la parafernalia y el esfuerzo destinados a caernos bien, a convencernos de que les votemos, y me parecen todos iguales. Los miro y me recuerdan a esos niños caprichosos que conceden una tregua a sus padres y se portan bien durante un rato para conseguir lo que quieren, a esos maridos infieles que prometen no volver a faltar a sus deberes conyugales para conseguir un beso o una caricia. Será que cada vez soy más escéptico, más descreído; será que las promesas que escucho a los políticos se me antojan quimeras. Pero me gustaría que fueran verdad, si no todas, sí algunas de las cosas que nos ofrecen los políticos antes de las elecciones. Ojalá que después no tengamos que recurrir a los versos de Neruda: “qué corto es el amor, y que largo es el olvido”. Todavía nos queda una semana de propaganda, de promesas grandilocuentes, de carteles gigantescos, de confeti, de altavoces con el eslógan de turno bien alto. Siete días: tiempo más que suficiente para dar la vuelta a la tortilla. Que gane el mejor o, puestos a concluir el artículo en plan literario, como decían los lobos de Kipling: “Buena caza a todos”.

© Andrés Pérez Domínguez, mayo de 2003

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