Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

El castillo de Drácula

 Querido Cristóbal: ya sabes que en los tiempos que corren no es fácil que los mitos puedan sostenerse con la misma fuerza que antes, que con tanta telebasura y tanto famosillo advenedizo en la tele es difícil que uno tenga referentes a los que admirar. Y ahora que me he enterado de que el castillo de Drácula se ha puesto a la venta en Rumanía me ha dado por pensar que no es que se nos estén cayendo los mitos, sino que al mismísimo conde transilvano se le han empezado a caer los colmillos sin que nadie pueda hacer nada por evitarlo.
 La cuestión es, Cristóbal, que el actual propietario del castillo de Bran, que así se llama el castillo de Vlad Dracul, aquel al que le gustaba almorzar viendo a sus enemigos empalados en el patio, lo ha puesto a la venta porque no puede hacer frente a los gastos de mantemiento de las 56 habitaciones con las que cuenta la fortaleza. Parece que la calefacción no funciona, querido amigo, y uno no puede dejar de pensar en Christopher Lee o en Gary Oldman tiritando en las noches gélidas de Transilvania.
 60 millones de euros, Cristóbal, es el precio que el actual propietario ha puesto a la principal atracción turística de Rumanía. Y yo, te digo la verdad, si tuviera dinero los pagaba con gusto. Pero escribir novelas y hablar en la radio no da para tanto, y pena me da, querido amigo, que el Juan Antonio Roca de turno ―seguro que también hay un Juan Antonio Roca en Rumanía― ponga el dinero en la mesa y se adjudique el castillo, el castillo con el mito del conde Drácula incluido, claro está. Que aquello acabe convirtiéndose en un campo de golf o en un parque temático descafeinado. Nunca he visitado Rumanía, Cristóbal, pero ganas me dan de ir cuanto antes para conocer el castillo, antes de que el fantasma de Drácula desaparezca, entrar en sus habitaciones y recorrer sus pasillos a oscuras con la ilusión de encontrarme con el último de los monstruos románticos y despedirme de él para siempre.

 © Andrés Pérez Domínguez, marzo de 2007
Emitido en Punto Radio el 23 de marzo de 2007


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