Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

Perros

Cristóbal, os escuchaba el lunes en el programa contar que en Nueva York hay un programa de radio de varias horas diarias en el que sólo emiten música para mascotas. Y, si te digo la verdad, hace dos o tres semanas habría fruncido el ceño, estupefacto al pensar que se trataba de una broma, pero después de lo de la herencia de Leona Helsmley, lo del programa de radio para mascotas ya no puede sorprenderme. Qué quieres que te diga. La señora Helsmely, que se ha ido al otro barrio el mes pasado sin poder llevarse su fortuna de más de cinco mil millones de dólares ―que aunque ahora el cambio favorezca al euro todavía sigue siendo mucho dinero― ha dejado sin un centavo a dos nietos avariciosos pero le ha dejado a su perrito doce millones de dólares para que pueda pagar la luz en su fabuloso apartamento de Manhattan. Fíjate, Cristóbal, este perro ni siquiera va a tener que aprender a rellenar los boletos de la primitiva, como ese del anuncio de la tele que me hace tanta gracia. Yo me lo imagino ahora, panza arriba sobre la alfombra, disfrutando de su herencia en Manhattan, rascándose las pulgas, con la radio encendida escuchando ese programa del que hablábais el otro día.
 Música para mascotas, fíjate. Dentro de nada habrá algún locutor con collar antiparásitos que ladrará delante de un micrófono. Pero que no se crean estos americanos que habrán inventado nada nuevo, querido amigo. Aquí, en España, muchas veces escuchar cualquier tertulia de esas en los que los sesudos periodistas del corazón se gritan unos a otros no debe de ser muy diferente a un coloquio de perros, Cristóbal, todos ladrando y el colmillo goteando saliva mientras cada uno tira de la presa que acaba de morder.
 
 © Andrés Pérez Domínguez, septiembre de 2007
Emitido en Punto Radio el  7 de septiembre de 2007


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