Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

Cobardes

 Pues sí, Cristóbal, yo también he visto las imágenes del vagón del tren en Barcelona donde un malnacido golpea a una muchacha por ser ecuatoriana. El motivo, a estas alturas, la verdad es que incluso resulta irrelevante. El caso es que la golpea, le da una patada, la insulta, el valiente. Pero por desgracia, querido amigo, estamos ya tan acostumbrados a ver estas cosas que la violencia ha dejado de resultarnos ajena, y lo que más inquieta, fíjate, es lo que se veía en una esquinita de la imagen, un tipo serio, sentado muy recto en su asiento, mirando para otro lado mientras el energúmeno le daba de tortas a la muchacha. Este chaval, Cristóbal, estaba a lo suyo, como si no pasara nada y, ya te digo, es su miedo lo que más me inquieta. Uno no sabe hasta qué punto el instinto de supervivencia puede empujarnos a la cobardía, pero lo cierto es que me preocupa pensar que en un momento dado podamos llegar a ser tan cobardes: yo, tú, cual-quiera de los oyentes.
 o de que el otro, el agresor, ahora se descuelgue con la pantomima de que estaba borracho, Cristóbal, no es más que otro despropósito, una chulería de tantas. A mí lo que más me preocupa es eso que te digo, querido amigo, que tal vez lo que nos pasa es que demasiadas veces miramos para otro lado cuando se comete una injusticia, no sólo física, sino verbal, cuando un abuso pasa por delante de nuestras narices y no hay nadie capaz de hacer nada. Yo me quedo mucho más tranquilo, qué quieres que te diga, cuando hay alguien que al menos levanta la voz para protestar.

© Andrés Pérez Domínguez, octubre de 2007

Emitido en Punto Radio el 26 de octubre de 2007

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