Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

Hugo Chávez

 uerido Cristóbal: mira, a mí algunos personajes hasta me hacen gracia. Te lo di-go de verdad. Que sí, hombre. A ciertos tiranos, si los miras como unos personajes aca-ban haciéndote gracia, a pesar de que hayan sido unos asesinos: con un poco de imagi-nación, Fidel Castro parece entrañable, haciendo flexiones con su chándal en La Haba-na, como un jubilado cualquiera que está de vacaciones con el Inserso. Pero lo de Hugo Chávez, será porque todavía le quedan muchos años para tener ese aire apacible de ju-bilado, no lo trago. Vamos, que pienso en que en España tuviéramos que zamparnos uno de esos programas en los que está ocho horas dándole la tabarra a los espectadores y la verdad es que me dan ganas de exiliarme.
Y ahora, de vuelta en su país, cuando le han preguntado por la intervención del rey Juan Carlos en la cumbre del otro día, no se le ha ocurrido otra cosa que sacarse de la manga quinientos años de genocidio, de tener que callarse la boca delante de los re-yes españoles. Y es que, Cristóbal, al final, a lo que más daño le hace un político analfa-beto es a la Historia, a la Historia, sí, qué pena, que parece reescribirse según los inter-eses de cada uno. España ha tenido muchos defectos, y los tiene, pero el mundo hace 500 años era muy diferente al de ahora, y la vida no tenía ningún valor para los con-quistadores, que eran su mayoría unos desharrapados recién salidos de los años oscuros de la Edad Media. Pero bueno, burradas como ésas son las únicas que podemos esperar de un botarate con modales de mandril que se autoproclama bolivariano. Bolivariano, fíjate. Si don José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios levantase la cabe-za y lo viera, Cristóbal, al que le gustaría ser su sucesor. En fin. Mejor que no.

  Andrés Pérez Domínguez, noviembre de 2007


Emitido en Punto Radio el 16 de noviembre de 2007

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