Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

El escritor persistente

Que no, Cristóbal, que aunque a veces nos creamos superiores, la verdad es que no está todo inventado. Te lo digo como lo pienso. Siempre hay alguien que se descuelga con una idea de lo más original, como el escritor canadiense Yann Martel que se ha tomado muy en serio el encomiable trabajo de enviar cada semana un libro al primer ministro de su país con la intención de que se vuelva una persona menos cerril a través de la lectura. O una persona de mejor talante, ya que estamos. El escritor le ha mandado ya al primer ministro de Canadá libros como Crónica de una muerte anunciada o El principito, y los acompaña de una nota, además, en la que destaca los valores de las obras que regala semanalmente a su presidente. No tengo ni idea de cómo será el primer ministro de Canadá, Cristóbal, de hecho, te lo confieso, ni siquiera sé cómo se llama, pero me parece muy bien eso de mandar libros a los políticos. Aquí, en España, quedan tres me-ses mal contados para las elecciones, conque tal vez no sería mala idea, querido amigo, que enviásemos algunos libros de nuestra biblioteca a alguno de los políticos a los que por desgracia vamos a tener que escuchar en los meses que quedan, no sé, para ver si se vuelven menos cerriles también, o, simplemente, para que aprendan a hablar, aunque eso tal vez sea pedir demasiado.

  Andrés Pérez Domínguez, diciembre de 2007

Emitido en Punto Radio el 14 de diciembre de 2007

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