Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

El escritor persistente

Que no, Cristóbal, que aunque a veces nos creamos superiores, la verdad es que no está todo inventado. Te lo digo como lo pienso. Siempre hay alguien que se descuelga con una idea de lo más original, como el escritor canadiense Yann Martel que se ha tomado muy en serio el encomiable trabajo de enviar cada semana un libro al primer ministro de su país con la intención de que se vuelva una persona menos cerril a través de la lectura. O una persona de mejor talante, ya que estamos. El escritor le ha mandado ya al primer ministro de Canadá libros como Crónica de una muerte anunciada o El principito, y los acompaña de una nota, además, en la que destaca los valores de las obras que regala semanalmente a su presidente. No tengo ni idea de cómo será el primer ministro de Canadá, Cristóbal, de hecho, te lo confieso, ni siquiera sé cómo se llama, pero me parece muy bien eso de mandar libros a los políticos. Aquí, en España, quedan tres me-ses mal contados para las elecciones, conque tal vez no sería mala idea, querido amigo, que enviásemos algunos libros de nuestra biblioteca a alguno de los políticos a los que por desgracia vamos a tener que escuchar en los meses que quedan, no sé, para ver si se vuelven menos cerriles también, o, simplemente, para que aprendan a hablar, aunque eso tal vez sea pedir demasiado.

  Andrés Pérez Domínguez, diciembre de 2007

Emitido en Punto Radio el 14 de diciembre de 2007

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