Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

Calendarios

Cristóbal, yo no sé tú, pero a mí me gustan mucho las agendas, esos cuadernos en los que cada página representa cada día por venir. Desde hace muchos años tengo la costumbre de guardar las agendas viejas, las páginas fatigadas y manoseadas, las fechas en las que apunté algo importante o aquellas en las que escribí una nota para recodar algo que no debía olvidar. Ya te digo: cada vez que tengo ocasión me pierdo en una papelería y me pongo a mirar las agendas: las de plástico, las de tapa de negra de toda la vida, las de propaganda, las de anillas, las más modernas, las que tienen la cubierta de cuero y uno ya sabe cómo van a oler antes incluso de quitarles el plástico. Las veo este año, Cristóbal, las agendas, las del 2008, y la sensación es idéntica a la de cada año: doce meses por delante, querido amigo, 365 días intactos todavía en los que aún parece, cuando empezamos el año, que podemos cambiar las cosas, que si nos lo proponemos podemos hacer que esas 365 hojas de los calendarios estén en diciembre repletas de cosas, de encuentros, de amigos, de trabajo, de ilusiones, de vida, vaya. Y es que una agenda sin estrenar, querido amigo, es mucho más que 365 hojas en blanco: es toda una vida por delante, es el futuro, fíjate, que todavía podemos soñar.

© Andrés Pérez Domínguez, enero de 2008
Emitido en Punto Radio, el 4 de enero de 2008


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