Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

Chirigotas

Querido Cristóbal:
No sé a ti, aunque presumo que también, pero a mí me gusta mucho esa gente que se coloca en una esquina, con un violín o una guitarra, y así, de una manera discreta, hace que las calles del centro parezcan escenas de una película, con su banda sonora y todo, porque la vida, Cristóbal, casi siempre resulta más agradable acompañada de unos acordes suaves. Me gusta verlos, yo mismo me paro, igual que mucha gente, me quedo extasiado viéndolos, aguardo hasta el final de la pieza para echar una moneda y seguir mi camino.
La semana pasada me encontré con una variante de este arte, querido amigo, que nunca había visto representado en la calle: seis o siete chavales en la avenida de la Constitución, justo enfrente de la FNAC, había que acercarse mucho para poder verlos porque la gente se agolpaba en torno a ellos. Entonaban chirigotas, Cristóbal, igual que en el carnaval de Cádiz, y la gente no los dejaba que se fuera. Les pedían otra, y otra, y otra más, y ellos, con buen humor, mucha gracia y mucha paciencia, accedían a las peticiones del público.
Así que fíjate: no hace falta más que un montón de talento para congregar a mucha gente. Dijeron los chavales que este fin de semana volverían a estar en el mismo sitio, así que el que me esté escuchando y quiera acercarse por la puerta de la FNAC, sobre las nueve hoy o mañana tal vez tenga la suerte de encontrarse con ellos.
Te aseguro que no lo van a lamentar.

© Andrés Pérez Domínguez, abril de 2008


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