Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

Chirigotas

Querido Cristóbal:
No sé a ti, aunque presumo que también, pero a mí me gusta mucho esa gente que se coloca en una esquina, con un violín o una guitarra, y así, de una manera discreta, hace que las calles del centro parezcan escenas de una película, con su banda sonora y todo, porque la vida, Cristóbal, casi siempre resulta más agradable acompañada de unos acordes suaves. Me gusta verlos, yo mismo me paro, igual que mucha gente, me quedo extasiado viéndolos, aguardo hasta el final de la pieza para echar una moneda y seguir mi camino.
La semana pasada me encontré con una variante de este arte, querido amigo, que nunca había visto representado en la calle: seis o siete chavales en la avenida de la Constitución, justo enfrente de la FNAC, había que acercarse mucho para poder verlos porque la gente se agolpaba en torno a ellos. Entonaban chirigotas, Cristóbal, igual que en el carnaval de Cádiz, y la gente no los dejaba que se fuera. Les pedían otra, y otra, y otra más, y ellos, con buen humor, mucha gracia y mucha paciencia, accedían a las peticiones del público.
Así que fíjate: no hace falta más que un montón de talento para congregar a mucha gente. Dijeron los chavales que este fin de semana volverían a estar en el mismo sitio, así que el que me esté escuchando y quiera acercarse por la puerta de la FNAC, sobre las nueve hoy o mañana tal vez tenga la suerte de encontrarse con ellos.
Te aseguro que no lo van a lamentar.

© Andrés Pérez Domínguez, abril de 2008


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