Lo que abrigan mis colores

Imagen
A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

Adiós a Sidney Pollack



Bueno, Cristóbal: hace siete días celebraba desde este micrófono la última aventura de Indiana Jones, y ahora vuelvo a darle la paliza a los oyentes con el cine, pero por otros motivos. Si la semana pasada me alegraba del regreso de uno de los grandes personajes del cine, hoy no me queda sino lamentar la pérdida de otro de los grandes directores. Sidney Pollack se nos fue el otro día, para siempre. El hombre que convirtió a Robert Redford en Jeremiah Jonhson, en el agente novato de Los tres días del cóndor o en el aventurero romántico de Memorias de África ya no podrá volver a ponerse detrás de una cámara. Cuando se va uno de los gran-des, querido amigo, y Sidney Pollack lo era, se pierde mucho más de lo que po-demos darnos cuenta a simple vista. Me acuerdo de cuando murió John Huston, Cristóbal, o Burt Lancaster, Katherine Hepburn, Marlon Brando o nuestro Fernán Gómez. Y cada vez que cae uno de estos genios me quedo un momento callado y siento que el cine ya nunca volverá a ser el mismo. Y me da rabia, aunque sea ley de vida, o como el tópico quiera que se diga. Y se me ocurren unos cuantos nombres, querido amigo, que no quiero mencionar para no ser agorero, unos cuantos nombres que están a punto de pasar esa línea puñetera de la que nadie puede volver. Unos cuantos nombres que no alegran las pantallas desde hace años, pero que todavía están ahí, como estatuas legendarias que dosifican sus apariciones en público tal vez para que no podamos lamentar su declive. Aún quedan unos pocos, pero no puedo evitar cierto desasosiego, querido Cristóbal, porque siento que el cine sin ellos nunca volverá a ser igual.

© Andrés Pérez Domínguez, mayo de 2008

Comentarios

Entradas populares de este blog

Una hermosa y apasionada historia de amor

Monze, yo también zoy andalú

Presentación en Sevilla