Oye, chaval

Imagen
A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

El regreso de Indiana Jones

Ha vuelto, Cristóbal. Desde ayer podemos verlo en el cine otra vez. Harrison Ford, con edad de abuelete jubilado, se ha calado el sombrero y ha empuñado el látigo de nuevo. Y, fíjate, no sé si será porque hace cerca de veinte años que fui a ver al cine la última aventura de Indiana Jones, aquella en la que buscaba el Santo Grial con su padre, mi admirado Sean Connery -que, por cierto, qué lástima que haya decidido retirarse del cine para siempre-, pero ayer por la tarde allí estaba yo, haciendo cola para asistir a la primera sesión, con mi sobrina de once años. Y es que, fíjate, querido Cristóbal, ninguno de mis dos sobrinos había nacido cuando se estrenó la última aventura del héroe, Indiana Jones y la última cruzada, y para ellos los héroes del cine son los chavales lánguidos como Orlando Bloom. Eso que llevan perdido.
Cómo pasa el tiempo, Cristóbal, pero, por muchos años que pasen, los aguafiestas siguen dando la tabarra. Ya he leído en algún periódico las opiniones de algunos arqueólogos o supuestos entendidos en reliquias perdidas, unos señores muy listos que dicen que las historias de Indiana Jones son tan reales como una película de ciencia ficción. ¿Y qué? Es la magia que tiene el cine, querido amigo, y una vez que aceptamos la apuesta nos da igual que sea verdad o mentira, y lo que queremos es disfrutar: reliquias perdidas, persecuciones kilométricas en la selva y buen humor por toneladas. Ir a ver la última película de Indiana Jones es como sentarte otra vez en el sillón de tu casa, veintitantos años atrás, para ver las películas de los sábados por la tarde, cuando sólo había dos cadenas y la tele todavía servía para aprender cosas, o para disfrutar solamente. No hay vuelta de hoja: o lo tomas o lo dejas. Y el amigo Indiana Jones lleva cerca de treinta años haciéndome disfrutar y sonreír en la butaca de una cine. Tal vez sea Harrison Ford el último de los héroes clásicos que nos quedan, querido amigo, porque el cine, el cine de aventuras, como casi todo, ya no es lo que era. Por eso me alegro mucho, querido Cristóbal, de que mi sobrina de once años haya venido a ver la película conmigo: ayer se lo pasó en grande viendo a un tipo con edad de ser su abuelo aguantando el tipo en la pantalla. Qué quieres que te diga: no me imagino yo Orlando Bloom dando latigazos ni buscando reliquias perdidas cuando llegue a los sesenta y cinco.

© Andrés Pérez Domínguez, mayo de 2008

Comentarios

Entradas populares de este blog

Hola y adiós

Nadar hasta que pueda

Regalo ejemplares de El factor Einstein