Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

Rafa Nadal

Pues sí, Cristóbal, Rafa Nadal se ha traído otro Roland Garros en la mochila, y después de haberlo visto repetir la hazaña cuatro veces puede parecer incluso fácil ganar el torneo de tierra batida en París. Pero no es de eso de lo que quiero hablarte, querido amigo, al menos no de eso exactamente. Verás, Cristóbal, yo no he jugado en mi vida al tenis y no entiendo muy bien esas palabras que usan los comentaristas que retransmiten los partidos -que si drive, que si volea, que si tal o que si cual- pero hay algo en este chaval que me deja boquiabierto. Me refiero a su educación, a sus modales. A sus veintidós primaveras recién cumplidas y después de estar dos horas dando raquetazos bajo el sol es capaz de dar una lección de comportamiento, de elegancia, de saber estar o como se diga. Si perder con dignidad es difícil, Cristóbal, mantener las formas al ganar, si además has humillado al adversario, es mucho más complicado. Yo no te voy a contar ahora -ni a ti ni a los oyentes- lo que pasó el domingo cuando Rafa Nadal ganó Roland Garros, pero no puedo dejar de acordarme de los modales de más de un futbolista cuando le ponen un micrófono delante: alguna vez alguno alcanza a esbozar un gruñido, o, de vez en cuando, la emprende a cabezazos con un periodista, como si golpeara el balón para rematar dentro del área, y le rompe la nariz. Menos mal que cuando uno escucha hablar a Rafa Nadal, querido amigo -22 primaveras, no nos olvidemos-, piensa que tal vez el futuro no sea tan oscuro como le parece cuando mira a su alrededor.

© Andrés Pérez Domínguez, junio de 2008

Comentarios

Nefer ha dicho que…
Es que Nadal, es un gran deportista... en todos los sentidos, humilde como nadie. Mi enhorabuena a Rafa, es el mejor!
Anónimo ha dicho que…
Pues sí, Nefer. Me parece admirable lo de este chaval. Y no me refiero al tenis, que de eso entiendo bien poco. Da gusto escucharlo

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