Oye, chaval

Imagen
A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

Guarros

Cristóbal, hoy, para despedir la temporada, voy a dedicarle esta separata a unos cuantos ignorantes. Bueno, unos cuantos no: por desgracia son muchos más que unos cuantos. Pero bueno, como siempre tengo la esperanza de que alguno de ellos me escuche cuando estoy hablando delante del micrófono, a lo mejor lo que digo no cae en saco roto. Lo que yo quiero explicarles a estos ignorantes, Cristóbal, es que hay unos cubos con unas bolsas de plástico dentro y unos armatostes verdes, de plástico también, que sirven para echar basura. Que las papeleras y los contenedores no son la última obra de un artista de esos tan raros, y que no están de adorno en la calle. Que los coches tienen una pequeña bandeja, más o menos a la altura de la palanca de cambios, que se llama cenicero, y que sirve para echar las colillas, el envoltorio de un chicle, o el mismo chicle, fíjate, cuando ya se ha quedado sin sabor de tanto masticarlo. Y que estas bandejitas, los ceniceros, quiero decir, las puede uno vaciar de vez en cuando en algún contenedor o bolsa de basura a los que me refería al principio. Y es que, ¿sabes lo que me pasa, querido amigo? Que me da la sensación de que lo que le pasa a mucha gente es que no le han enseñado a manejar las papeleras, los contenedores de basura, los ceniceros, y por eso las playas se llenan de latas de cerveza, de colillas, el campo de botellas vacías y de restos de papel de plata, y cuando vas conduciendo a veces se te estrellan en el para-brisas los restos del sándwich que el conductor que te precede acaba de tirar. En fin, Cristóbal, ya ves, pienso esto porque soy un ingenuo, o, quizá, porque me da mucha pena pensar, y reconocer, que hay muchos guarros sueltos, todavía, por ahí.

© Andrés Pérez Domínguez, julio de 2007

Emitido en Punto Radio el 20 de julio de 2007

Comentarios

Entradas populares de este blog

Hola y adiós

Nadar hasta que pueda

Regalo ejemplares de El factor Einstein