Oye, chaval

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A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

El verano eterno

Cristóbal, no sé si te he contado alguna vez que a mí me gusta mucho andar, y que si no fuera porque desde donde vivo no hay muchas alternativas, apenas cogería el choche, sino que iría a todos lados andando, en autobús, en bicicleta, en el metro cuando se inaugure o en el tren de cercanías que llevamos demandando tanto tiempo los que vivimos en el Aljarafe donde hay unas cuantas estaciones que cualquier día se caerán a pedazos si no se les da el uso que todos necesitamos.
Pero, a lo que iba: que me gusta caminar, y que, aunque ya hemos pasado el ecuador de octubre, a determinadas horas del día todavía hace tanto calor como si estuviéramos en verano. Ya sé que eso, que haga calor, es algo que le gusta a mucha gente, seguro que a muchos de los que nos están escuchando, pero será porque yo siempre me he considerado un sevillano por casualidad, es decir, que lo mismo podría haber nacido y haberme criado en cualquier otro sitio y haber sido tan feliz, qué quieres que te diga, Cristóbal, pero yo me muero de ganas de que haga frío, pero frío de verdad, que haya que ponerse una cazadora forrada para salir a la calle y que llueva a mares. Lo del calorcito está muy bien, pero aquí dura demasiado. Empieza en junio y, fíjate, en la segunda mitad de octubre todavía no nos lo hemos sacudido de encima. Es lo que tiene ser un sevillano atípico, Cristóbal, que en cuanto abres la boca no puedes evitar la sensación de estar llevando la contraria a mucha gente. Pero seguro que hay más de uno como yo, algún oyente que ahora mismo tiene la oreja puesta en la radio y tal vez al escucharme sonríe porque se da cuenta de que hay gente a la que le pasa lo mismo que a él, que no está solo, que más de uno forma parte de una cofradía tal vez secreta pero es posible que también numerosa cuyo máximo anhelo estos días es que el verano, aunque estemos en otoño, se termine de una vez.

© Andrés Pérez Domínguez, octubre de 2008

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
No estás solo.
Rafael G. Organvídez ha dicho que…
Incluso los que hemos elegido ser sevillanos también pensamos como tú.
Andrés Pérez Domínguez ha dicho que…
Rafael, un placer sentirse acompañado por gente tan competente. Un abrazo,
Anónimo ha dicho que…
Pues yo prefiero el verano, los días largos, el calorcito dandome en la piel y la ropa ligera. El frío dura demasiado.
Anónimo ha dicho que…
Seamos sinceros, los hombres preferimos el calor, para disfrutar de esa primavera y verano que nos regala las más bellas curvas bronceadas sevillanas -y no tan sevillanas- es un placer pasear por Sevilla. Hay gustos para todo, Andrés, como tú bien dices.
Aunque por otro lado, no hay nada como calentar una cama fría con otro cuerpo.... bueno, lo dejo que me embalo.
un saludo y seguid así
Andrés Pérez Domínguez ha dicho que…
Bueno, ya veo que hay gustos para todos. Por fortuna (para mí), ya está lloviendo y empieza a hacer fresquito

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