
Cristóbal, sí, ya lo sé: hoy debería hablar del discurso de Barack Obama el otro día, del frío que hacía en Washington o de la oronda Areta Franklin que para el placer nuestros oídos le puso la nota musical al momento. Querido amigo, estamos tan obamizados que deberíamos -especialmente nuestros políticos- colocarnos una careta con la sonrisa de Barack Obama y salir todos a la calle a cantar el Viva la gente. ¿Que no estoy contento porque hayan elegido a Obama presidente? Pues claro que estoy contento, y me duele la boca de decirlo. Pero no nos engañemos, Cristóbal, que por mucho Obama y por mucho que los políticos de aquí se quieran convertir en clones del primer negro que se ha sentado en el Despacho Oval, las cuentas de la crisis no nos salen, querido amigo. Y si en Washington hacía frío el otro día, en España son los bolsillos los que se nos han quedado helados. El otro día estuve en un centro comercial de esos con cines y muchos bares, y pensé que de pronto me había convertido en un personaje de una película catastrofista, que había habido una guerra nuclear y que el mundo había cambiado para siempre. Salvo dos o tres locales que aún son capaces de aguantar el temporal, todos los demás estaban cerrados, con un letrero muy grande que decía “se alquila”, y en el que me entraron ganas de escribir a mano, en letra más grande todavía, “si es que alguien se atreve”. Y aquí, ya ves, Cristóbal, los políticos todo el rato mirando a Obama embobados, a ver si los ilumina. Y leo a un premio Nóbel diciendo que lo de España es como para preocuparse, y mucho. Este hombre, Paul Krugman dice que si hubiéramos sido tan listos como los ingleses y no nos hubiéramos subido tan rápidamente al carro del euro ahora

podríamos devaluar la peseta -cuánto la echo de menos-, como los británicos están haciendo con la libra, y nos iría mucho mejor. ¿Pero es que nadie de los que manda se atreve a decir que esto del euro es un despropósito que nos está llevando a la quiebra? La respuesta, supongo, querido amigo, es que no podemos volver a tener pesetas porque los políticos no quieren que cunda el pánico, o que los linchen. Imaginemos en pesetas lo que vale un café, llenar el depósito del coche, pagar el alquiler o comprar una bolsa de palomitas en el cine. Es para ponerse a gritar. A que sí. Pues eso: el que quiera, que grite conmigo.
© Andrés Pérez Domínguez, enero de 2009
Comentarios
Un abrazo Andrés.
Un abrazo,
Viva el euro.
Un saludo cordial.
Begoña
Un abrazo,
Muchas gracias, Begoña. En el vídeo estoy hablando con un señor que conoció Albert Einstein aquel verano de la novela, el de 1939. Lo he puesto aquí porque aquél fue un momento muy emotivo para mí. Me alegro de que le haya gustado el libro. ¿Una segunda parte? Podría hacerse, de hecho, los lectores suelen preguntarme lo mismo respecto a todas mis novelas. Me gusta dejar algunos cabos sueltos, pero es por otras cuestiones que no vienen al caso. A lo mejor algún día me decido. Pero de momento tengo otros proyectos en la cabeza, así que, en futuro más o menos próximo, la respuesta es no.
Un saludo,
Espero que al menos la hayan dejado a usted y a su madre bien peinadas...
Un saludo,
Curiosamente, Martínez Roca me ha cogido mi primer manuscrito, me han dicho que lo publicarán en primavera verano (ya veremos). A ver si coincidimos en alguna firma, sobre todo para que me asesores, soy novato en esto.
Estoy en mi email, en mi blog:http://blogdelordbyron.blogspot.com/
y en mi web: http://www.pacogomezescribano.com/
Curiosamente, también me representa Antonia Kerrigan. Si vez a David Torres, dale recuerdos. Leí Niños de Tiza el año pasado paseando por San Blas y Canillejas (yo soy de allí). En mi tercera novela que estoy a punto de terminar, describo los ambientes sórdidos y marginales de Canillejas, como él hizo con su San Blas. Que tengáis una buena semana negra en Barcelona. Si algún día me invitan, tomamos unos vinos.
Cualquier cosa, a tu disposición. Un abrazo.