A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...
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BCNegra: crónica, vídeo, fotos y entrevista con Angels Barceló y Jaume García
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Como ya conté por aquí, la semana pasada estuve en BCNegra, invitado a una mesa redonda sobre novela negra y boxeo. David Torres ya contó en su blog lo que pasó allí, y el que quiera no tiene más que pinchar en el enlace, al final de esta entrada, desde el que se puede leer también la crónica de Jacinto Antón en El País.
Lo cierto es que los debates no me entusiasman, prefiero el contacto directo con los lectores, el tú a tú. A veces, en un debate, cuando uno se pone cabezota, como el otro día, lo mejor es dejarlo que diga lo que le dé la gana. En fin, no me gusta discutir. Y cuando pienso en ello me acuerdo de ese chiste en el que un amigo se encuentra a otro y le dice: -Oye, estás más gordo.
-¿Si? Me ha dicho el médico que es de no discutir.
-¡Anda ya, hombre! De no discutir va a ser.
-Pues no será de eso.
Pero que nadie piense mal, porque la mesa redonda sobre novela negra y boxeo fue divertida, y el público se lo pasó bien, creo. Y eso es lo que importa. Además, recalar por Barcelona siempre es un placer, igual que compartir un rato con mis colegas de letras David Torres y Julio Manuel de la Rosa. Además, nos entrevistó por la tarde Jaume García en el programa "No li donem més voltes” de Radio L’Hospitalet, y por la noche tuve la suerte de compartir un rato de radio con Angels Barceló, en el programa Hora 25, de la SER.
Por aquí os dejo las fotos de BCNegra, el vídeo de la mesa redonda, y la entrevista con Angels Barceló.
Aquí estoy, con mi amigo David Torres, que se toma un vino mientras yo estreno mi camiseta de la librería Negra y Criminal. En el verano de 2005 conocí a Paco Camarasa, el librero, en la Semana Negra de Gijón, y le pregunté si podía darme una de esas camisetas negrocriminales que llevaban algunos escritores. Me dijo Paco que para ello tendría que ir a la Barceloneta y hacerme una foto en la puerta de la librería.
Pero todo llega, y aquí estoy, tres años y medio y dos novelas más después de aquella Semana Negra, dejándome retratar por Montse, la librera, mientras Maribel nos retrataba a los dos.
También firmé algunos ejemplares de El síndrome de Mowgli antes de irnos a comer, pero dejo esta foto aquí, sobre todo, para que veáis el cenicero. Sí, es lo que parece.
Y esto de aquí debajo es el vídeo de la mesa redonda. No está completo, pero es todo lo que se grabó. Sin censura, con el ex boxeador Rodríguez Feu repartiendo estopa por todos lados. El mayor riesgo lo corrió David Torres, que estaba junto a él, pero aguantó el tipo de una forma más que digna.
Y aquí dejo el que para mí fue uno de los mejores momentos de la visita a Barcelona: la entrevista de Angels Barceló en el programa Hora 25, en la SER.
Y por aquí, también, en tres partes, la entrevista que nos hizo a David Torres, a Julio Manuel de la Rosa y a mí, Jaume García en el programa "No li donem més voltes", en Radio L`Hospitalet. Espero que os guste. Hubo más cosas en Barcelona, claro, porque estuve dos días, pero ésa es ya, otra historia.
La entrevista de radio Hospitalet quedó muy bien. La verdad es que no la seguimos mucho Susana y yo porque estuvimos charlando todo el tiempo, pero ahora que la he oído creo que está muy bien. La otra con Goñalons también está muy bien aunque hecha con un cohete en el culo. Hay una parte curiosa de la entrevista hospitalense que es el oficio del escritor, la reivindicación de esto nuestro como un trabajo artesano que, encima, hemos tenido que compatibilizar con otros menesteres nada literarios. Se podría hablar largo y tendido de esto, incluso de la falta de tiempo para escribir (en mi caso lo he vivido, y de forma muy frustrante, en varias épocas de mi vida). Y no sólo yo, claro, también Kafka, Pessoa... Abrazos. DIEGO PRADO
Sí, Diego, yo también creo que está bien la entrevista. Y el oficio de escritor es más jodido de lo que parece, pero también uno lo hace por vocación, conque no tiene sentido quejarse. Lo cuento en la entrevista, creo, pero yo me dije un buen día que si quería meter la cabeza en este oficio tenía que ponerme a ello con ganas, y durante mucho, mucho tiemo, escribía de seis a ocho de la mañana y de tres a cuatro de la tarde, el único tiempo libre que tenía. ¿Era duro? Depende de cómo se mire. Gracias a eso pude ganar unos cuantos premios que me animaron a seguir, y así hasta hoy. No me arrepiento. Por cierto, Diego, una duda: dices "La otra con Goñalons". ¿Te refieres a la de Angels Barceló? A lo mejor hay un código que no comprendo o lo mismo he puesto una entrevista que no sé que tenía... Un abrazo,
Anónimo ha dicho que…
No, perdona. En efecto, confundí Goñalons con Barceló, no sé por qué. Realmente meritorio levantarse pronto para escribir. Pero tienes razón, cuando el gusanillo está ahí no hay contras que valgan. Yo escribí mucho tiempo los fines de semana o entre horas, después de comer o a la noche. Nadie sabe, exepto el escritor, lo que hay detrás de cada obra. Abrazos. Diego
Pero al final siempre merece la pena, Diego. Escribir, quiero decir. Salvo casos muy contados, los que vamos quedando y vamos publicando no somos más que supervivientes de muchas derrotas. Y eso también es algo que te llevas en la vida como un valor, creo yo.
¿Lo has pasado bien?, me pregunta, al final de la noche. El bar atestado. Una pareja amable nos ha cedido un hueco en la barra. Sólo quería ofrecer la entrada a quien de verdad pudiera disfrutarlo. Tres horas antes, en el taxi, se parte de la risa cuando le digo, medio en broma, o no tanto, que mi último concierto fue el de Spandau Ballet en Sevilla, en 1987. No pensaba ir al de Joaquín Sabina, pero ella fue el martes y tenía otras dos entradas para hoy. Me cuenta que hará todo lo posible por ir también al del sábado. Me admira su voluntad de pasarlo bien, de disfrutar. Me admiran sus ganas de vivir. Sobre todo, confiesa, me va gustar el concierto de hoy porque espero que te guste mucho a ti. Pero no quiero que se sienta como la anfitriona de una fiesta, preocupada porque sus invitados lo pasen bien antes que por disfrutar ella misma. Cruzamos la Puerta del Príncipe, la misma por la que salen a hombros los toreros, y ya tengo los vellos de punta. Nos equivocamos de asiento y para ver l...
Aunque soy combativo por naturaleza y me dejo el pellejo antes de bajar los brazos, a veces me canso. No pasa nada: cierro los ojos, duermo o me encierro en una coraza hasta que vuelvo a salir a pelear. A todo buen boxeador le queda un gran combate dentro, reza una máxima pugilística. Pero a veces me pregunto qué pasará cuando no tenga ganas de pelear, cuando me quede sin fuerzas o ya no merezca la pena. Si hablo de esto con gente de mucha confianza (muy pocas personas, en realidad), suelo decir que me iré a una playa, me desnudaré en la orilla y nadaré mar adentro hasta que me rinda el cansancio. Escribí un cuento hace pocos años donde uno de los personajes hacía justo eso. Los juntaletras acostumbramos a contar las verdades importantes en la ficción. No he publicado esa historia. Todo se andará, espero. Alguna vez, alguna vez tal vez... Pero sé que no será tan fácil. No publicar ese cuento, sino nadar hasta que me fallen las fuerzas, por muy poética que se me antoje esa despedi...
A ver cuándo me regalas tu libro. Es una frase que los escritores estamos acostumbrados a escuchar. No sé mis colegas, pero yo casi nunca regalo un libro mío a quien me la suelta, casi siempre amigos que hace mucho que dejaron de serlo o gente que de pronto parece profesarte un empalagoso cariño repentino aunque antes casi nunca te haya dirigido la palabra. Pero también hay unas cuantas personas a las que nunca consiento que compren un libro mío, y lo primero que hago cuando la editorial me manda unos algunos ejemplares (por cierto, para quien no lo sepa: la editorial no regala los libros al escritor. Se los descuenta en la próxima liquidación. Los que le corresponden a él y todos los que han gastado en la promoción) es dedicarlos, meterlos en un sobre y mandarlo por correo, o incluso llevárselo personalmente a sus casas. Muchas de estas personas tan queridas por mí frecuentan este blog y saben que estoy hablando de ellos. A lo mejor es porque toda mi vida he buscado y comprado los lib...
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Hay una parte curiosa de la entrevista hospitalense que es el oficio del escritor, la reivindicación de esto nuestro como un trabajo artesano que, encima, hemos tenido que compatibilizar con otros menesteres nada literarios. Se podría hablar largo y tendido de esto, incluso de la falta de tiempo para escribir (en mi caso lo he vivido, y de forma muy frustrante, en varias épocas de mi vida). Y no sólo yo, claro, también Kafka, Pessoa...
Abrazos.
DIEGO PRADO
Por cierto, Diego, una duda: dices "La otra con Goñalons". ¿Te refieres a la de Angels Barceló? A lo mejor hay un código que no comprendo o lo mismo he puesto una entrevista que no sé que tenía...
Un abrazo,
Realmente meritorio levantarse pronto para escribir. Pero tienes razón, cuando el gusanillo está ahí no hay contras que valgan. Yo escribí mucho tiempo los fines de semana o entre horas, después de comer o a la noche. Nadie sabe, exepto el escritor, lo que hay detrás de cada obra.
Abrazos.
Diego