A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...
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Con Franco esto no pasaba
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Hay cosas que con Franco no pasaban. Y me duele tener que decirlo así, qué quieren que les diga, con todas las letras, negro sobre blanco. Y, quién me iba a decir a mí, a mis años, y toda la vida siendo de izquierdas, que iba a terminar soltando por la boca semejante sapo. En fin. A lo mejor es porque entonces no existía eso del Twenty, ni el Facebook ese ni el Youtube, pero no me imagino yo a los guardias civiles de entonces, esos que dicen que daban hostias, haciéndose fotos con jovencitas, montándolas en el coche patrulla, dejándolas que hagan sonar la sirena, engrilletándolas o prestándoles la porra para que se la lleven a la boca, como quien agarra un micrófono o tal vez quiere hacerle la competencia a Lorena Berdún, aquella sexóloga que tenía el desparpajo de gestualizar con naturalidad en la tele cómo se hace una felación como Dios manda. (fotos: http://www.elmundo.es/albumes/2009/01/30/fotos_guardias/index.html )
Lo malo de estos picoletos tan enrollados es que en cuanto se les pasa el momento tonto con las chavalas enseguida se ponen serios y te piden la documentación sin darte las buenas noches primero y tuteándote, como si te conociesen de toda la vida o estuvieras deseando hacerte unas fotos con ellos, ya saben, igual que si fuésemos colegas de toda la vida, con las esposas puestas, o la porra, tan suculenta, bien cerquita de la boca. Después de haber leído las novelas de Lorenzo Silva uno estaba convencido de que la leyenda negra de los guardias civiles ya era cosa del pasado, pero, visto lo visto, algunos guardias parece que se empeñan en modernizar el cuerpo, sí, pero a su manera. Por suerte sólo son unos pocos, habas contadas -ya, ya lo sé- que a lo mejor visten un uniforme que les viene grande, o que son tan graciosillos o es que faltaron a la academia el día que enseñaban ética, pero por culpa de ellos a veces yo echo de menos a los guardias civiles de antes, quién me lo iba a decir: puestos a elegir, prefiero un policía que me imponga respeto a otro que me haga sentir vergüenza ajena.
Creo que no hay que disculparse con el Cuerpo. SEguro que ellos también han sentido vergüenza de sus compañeros que han estado haciendo el tonto como niñatos con las chicas de Punta Umbría. Ellos sí que tendrían que disculparse con todo el país, hombre. Que cobran para realizar bien su trabajo y no para perder el tiempo prestando el material por ahí. Menos mal que no les dió por dejarles la pistola a las chicas antes de sonreir a la cámara.
¿Lo has pasado bien?, me pregunta, al final de la noche. El bar atestado. Una pareja amable nos ha cedido un hueco en la barra. Sólo quería ofrecer la entrada a quien de verdad pudiera disfrutarlo. Tres horas antes, en el taxi, se parte de la risa cuando le digo, medio en broma, o no tanto, que mi último concierto fue el de Spandau Ballet en Sevilla, en 1987. No pensaba ir al de Joaquín Sabina, pero ella fue el martes y tenía otras dos entradas para hoy. Me cuenta que hará todo lo posible por ir también al del sábado. Me admira su voluntad de pasarlo bien, de disfrutar. Me admiran sus ganas de vivir. Sobre todo, confiesa, me va gustar el concierto de hoy porque espero que te guste mucho a ti. Pero no quiero que se sienta como la anfitriona de una fiesta, preocupada porque sus invitados lo pasen bien antes que por disfrutar ella misma. Cruzamos la Puerta del Príncipe, la misma por la que salen a hombros los toreros, y ya tengo los vellos de punta. Nos equivocamos de asiento y para ver l...
Aunque soy combativo por naturaleza y me dejo el pellejo antes de bajar los brazos, a veces me canso. No pasa nada: cierro los ojos, duermo o me encierro en una coraza hasta que vuelvo a salir a pelear. A todo buen boxeador le queda un gran combate dentro, reza una máxima pugilística. Pero a veces me pregunto qué pasará cuando no tenga ganas de pelear, cuando me quede sin fuerzas o ya no merezca la pena. Si hablo de esto con gente de mucha confianza (muy pocas personas, en realidad), suelo decir que me iré a una playa, me desnudaré en la orilla y nadaré mar adentro hasta que me rinda el cansancio. Escribí un cuento hace pocos años donde uno de los personajes hacía justo eso. Los juntaletras acostumbramos a contar las verdades importantes en la ficción. No he publicado esa historia. Todo se andará, espero. Alguna vez, alguna vez tal vez... Pero sé que no será tan fácil. No publicar ese cuento, sino nadar hasta que me fallen las fuerzas, por muy poética que se me antoje esa despedi...
A ver cuándo me regalas tu libro. Es una frase que los escritores estamos acostumbrados a escuchar. No sé mis colegas, pero yo casi nunca regalo un libro mío a quien me la suelta, casi siempre amigos que hace mucho que dejaron de serlo o gente que de pronto parece profesarte un empalagoso cariño repentino aunque antes casi nunca te haya dirigido la palabra. Pero también hay unas cuantas personas a las que nunca consiento que compren un libro mío, y lo primero que hago cuando la editorial me manda unos algunos ejemplares (por cierto, para quien no lo sepa: la editorial no regala los libros al escritor. Se los descuenta en la próxima liquidación. Los que le corresponden a él y todos los que han gastado en la promoción) es dedicarlos, meterlos en un sobre y mandarlo por correo, o incluso llevárselo personalmente a sus casas. Muchas de estas personas tan queridas por mí frecuentan este blog y saben que estoy hablando de ellos. A lo mejor es porque toda mi vida he buscado y comprado los lib...
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