Lo que abrigan mis colores

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A veces a la gente cercana le sorprende que escriba sobre detalles tan personales. Siempre respondo lo mismo: en realidad no cuento nada, porque contar mucho también puede ser una forma de no contar nada. En eso consiste el reto. Otras me ven sin ropa y tú desnudo, escribió Benjamín Prado y cantó Sabina, vaya. Se lo decía ayer a mi prima durante una celebración familiar. Me contaba ella, con esa mezcla de cariño inquebrantable y admiración sonrojante que sólo se permite en la familia, que me leía, que le gustaba mucho. Pero bueno, ella siempre me ha leído. Además, añadió, sé cuándo estás triste, cuándo estás contento, sé cuándo necesitas soltar algo porque te quema por dentro. Claro, ¿cómo no va a saberlo? La gente que me conoce, sobre todo si me conoce bien, juega con ventaja. Pero a veces, creo, no son conscientes de que la mayoría de quienes me leen no me conocen, nunca me han visto, ni se han cruzado conmigo, ni siquiera han hablado conmigo y probablemente nunca lo harán. Y ahí est...

Donde pace el buey

Uno nunca sabe en realidad dónde está su casa hasta que se marcha lejos, o no acaba dándose cuenta de cuál es su sitio hasta que regresa a él después de estar dando tumbos por ahí. Yo era muy pequeño, cuatro años acababa de cumplir, cuando nos vinimos a vivir a Sanlúcar la Mayor. El pueblo era muy diferente a como es hoy. Ni siquiera existía la A49, que hoy, a determinadas horas, es lo más parecido a una escena apocalíptica de película de ciencia ficción de serie B. En 1973 no había urbanizaciones de casas adosadas, y a pesar de estar sólo a dieciocho kilómetros de Sevilla, Sanlúcar la Mayor se antojaba un lugar remoto al que sólo se podía llegar por la vieja carretera de Huelva.
Ya digo, yo no había nacido en Sanlúcar, y tal vez por vivir donde no nací siempre me sentí un poco como si fuera de ninguna parte. Un poco como el protagonista de El síndrome de Mowgli, mi buen Rafael Montalbán. Pero qué curioso que, al cabo de los años, después de haber estado en tantos sitios, Sanlúcar sea el único que considero mi casa. Y es que el buey no es de donde nace, sino de donde pace, o, tal vez, de donde ha sido feliz.
El otro día, en mi pueblo, me dieron una placa, un reconocimiento que no estoy seguro de merecer. Por aquí os dejo ese momento. Lo mejor de todo es que, al cabo de los años, uno ha vuelto al lugar donde pertenece.

Comentarios

Casía ha dicho que…
creo que tarde o temprano la tierra, nuestras raices nos llaman y nos hacen volver.
Patricio ha dicho que…
muy bonita y merecida presentación. es lógico que le reconozcan el trabajo al vendedor de puertas del pueblo. jaja.
Los más viejos dirán: el niño de Leiva es escritor?...
felicita a tu padre de mi parte.
un abrazo
Diego Prado ha dicho que…
Enhorabuena, compañero. Que te reconocan en el pueblo es lo más bonito, lejos de oropeles y palmaditas vacías. Y qué razón llevas. Yo llevo siete años en Barcelona y nunca he sido tanto de mi isla como ahora, aunque la isla que yo conocí y recorrí mil veces ya sólo exista en mi memoria y otros se empeñen en desgraciarla. Hay que volver donde uno fue feliz.
Abrazos.
Juanma ha dicho que…
Supongo que el orgullo que deben sentir tus padres sólo es comparable a tu alegría cuando los ves tan orgullosos.

Un fuerte abrazo, querido Andrés.
Andrés Pérez Domínguez ha dicho que…
Cierto, Loli.
Fue bonito, Patricio. Felicito a mi padre de tu parte.
Estoy de acuerdo, Diego. Además, es cuando uno está lejos cuando echa de menos los sitios donde ha sido feliz.
Sí, Juanma. Yo siempre digo que todo esto de ganar premios o publicar libros para mí al final es sólo trabajo, por frío que parezca, que quienes de verdad lo disfrutan son mis amigos, mi familia, y sobre todo mis padres. Ellos muy contentos por mí y yo muy contento por ellos.
Abrazos,
Biblioteca ha dicho que…
Desde la biblioteca nos sentimos muy orgullosos de contar entre nuestros vecinos con un escritor que crece, como los árboles más duraderos, poco a poco.

Desde tu espacio, aprovechamos para darte las gracias por brindarnos siempre un poco de tu preciado tiempo.

¡¡¡Enhorabuena de corazón!!!
Andrés Pérez Domínguez ha dicho que…
Pues muchas gracias, amigos. Este es un oficio complicado, pero también te da muchas satisfacciones. La mayor de estos días, el cariño de la gente, sin duda.
Un abrazo,

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