
El titular es exagerado, desde luego. Lo digo antes de que se me lancen al cuello. Por eso lo he puesto con interrogación. Pero es lo que escribe de mí en su blog Rubén Castillo después de haber leído mi colección de cuentos
El centro de la Tierra. Por supuesto que no soy merecedor de este calificativo, pero también es verdad que en esta bitácora voy colgando las reseñas que salen de mis libros para que quienes estén interesados puedan encontrarlas sin marearse mucho. Conque, aquí va esta:
El centro de la Tierra
Es difícil sustraerse al hechizo que Andrés Pérez Domínguez imprime a su prosa, tanto novelística como cuentística. En esta ocasión, lo que nos ofrece es una magistral recopilación de relatos que, con el título de “El centro de la Tierra”, le publica el sello sevillano Paréntesis. En este tomo podemos encontrarnos con todo tipo de personajes y de historias: el hombre que, después de ser despedido, decide robar en la oficina donde trabajaba, ataviado de Papá Noel; el portero de fútbol que se dispone a detener un lanzamiento, en las horas últimas de su carrera deportiva; el ex-convicto que consigue que su ex-mujer le deje pasar la tarde con su hija; el joven que, en su despedida de soltero, encuentra en el puticlub a la chica que lo volvía loco en el instituto; el ladrón que tiene la mala suerte de entrar a desvalijar la casa de una ciega; la mujer que intenta escapar, agónicamente, de ese pueblecito de montaña donde comprende que su vida está agostándose; o aquella profesora de instituto que descubre, en el autobús donde viaja, al torturador que la golpeó y violó durante la dictadura militar que aquejó su país... Y, como elemento vertebrador de tan dispares propuestas, la prosa siempre galvánica, siempre pura y equilibrada de Andrés Pérez Domínguez, que tiene el poder seductor de los mejores estilistas. Con la fuerza de sus palabras y de sus frases, el sevillano consigue que el sudor nos empape el cuerpo mientras aguardamos el lanzamiento del penalti (en “El silencio”) o que nos congelemos de frío (mientras avanzamos en el tren que nos traslada desde Buchenwald hasta Mauthausen en “El último viaje”); que sintamos la emoción que se desprende de un pañuelo que fue entregado durante la guerra civil de 1936 (“Viejos”) o que nos irritemos con los maltratos físicos que sufre una mujer (“Sesión matinal”). En suma, Andrés Pérez Domínguez logra hacer que la literatura se transforme en vida, en vida imaginada y bien contada, en vida llena de luces y sombras, palpitante, enérgica, dulce y melancólica. Un maestro.
http://www.rubencastillo.blogspot.com/
Comentarios
Un abrazo grande,
estoy con lo tuyo y muy entusiasmado
un abrazo gigante
patricio
Un abrazo grande,
Amparo.
Un beso grande,
Creo que cumpliste años: Felicidades amigo!
Un abrazo desde Menorca.
Seguro que muy bien en tu tierra.
Un abrazo,
PD: ¿sabes que a David le han dado el Hammet?
Abrazos.
Diego