Oye, chaval

Imagen
A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...

Despechugados

Cualquiera que me conozca sabrá que no soy nada aficionado a los compromisos sociales y que, servidumbres del oficio de escritor aparte, es difícil verme en lugares multitudinarios, que las reuniones de más de dos o tres personas enseguida terminan cansándome. Salvo en contadas ocasiones, me repelen las bodas, las comuniones y los bautizos, y cada vez que en la tele anuncian un coche que se pierde por una carretera solitaria cuyo fin no podemos adivinar, me gustaría estar sentado al volante, con la radio puesta pero perdido en mis propios pensamientos, pergeñando historias que tal vez escriba algún día. Aún no he aprendido a hacerme el nudo de la corbata, por eso hace años que no me pongo ninguna y, cuando me imagino con una, enseguida veo a otro que tiene mi misma cara pero no soy yo, seguro que porque encorbatado me siento tan incómodo como si estuviera en el patíbulo con una soga al cuello mientras el verdugo me ajusta la capucha y un cura murmura unas palabras que lee de una biblia que tiene en las manos.

Pero será que uno es contradictorio, o quizá es que, pese a estas manías, piensa que hay ciertas barreras que no se deben cruzar. Por ejemplo: aunque esté en mi casa, sea verano y el aire acondicionado esté estropeado, soy incapaz de sentarme a comer sin ponerme al menos una camiseta. Tal vez por eso me gustan tan poco los chiringuitos de playa, donde algunos se limpian la grasa de las sardinas restregándose los dedos por los pelos del pecho, al tiempo que las gotas de sudor les chorrean desde la frente. Y es que los tipos a los que les gusta ir despechugados por el mundo se me antojan que pertenecen a una cofradía distinta, un mundo aparte, como si entre todos formasen una hermandad secreta, con sus códigos y sus jerarquías. Los hay que solo enseñan el torso en los chiringuitos de playa. Con cadena hortera colgando del cuello o sin ella, con músculos de gimnasio, con las lorzas derramándose por encima del bañador o tan endebles que al verlos te preocupas de que una ráfaga de viento se los lleve en un descuido. Para todos los gustos, vaya. También están los que van sin camisa en la ciudad, cuando hace mucho calor. Por eso, y por otras cosas que no contaré ahora, a poco que me descuide acabo recibiendo con alivio el final del verano. Cuando termina septiembre, con un poco de suerte hay días que ya no pienso más de lo que debo en estar sentado al volante de uno de esos coches que se pierden por una carretera solitaria, viajando tranquilamente hacia un lugar donde no sea posible encontrarse a nadie.

© Andrés Pérez Domínguez, septiembre de 2009


Comentarios

Juanma ha dicho que…
Que no hay manera de que te convenza el verano, Andrés...

Cómo echo de menos "La Separata" radiofónica. Como ésta, en estado puro.

Un abrazo.
Diego Prado ha dicho que…
Macho, somos iguales. Quizá porque ambos nos hemos criado en lugares de sol, playa y tumulto turístico. Tengo mil recuerdos de la llegada del otoño a Menorca, donde el viento toma la isla con su violencia antigua, las playas se quedan huérfanas de gritos, cuerpos, yates; las carreteras vacías; las calles desiertas a las 8 de la tarde... Es sólo entonces cuando uno se reconcilia con su pasado y comprende al fin el lenguaje del silencio.
Abrazos.
Andrés Pérez Domínguez ha dicho que…
Sí, Juanma, el verano, sobre todo cuando ya da sus últimos coletazos, se me va haciendo demasiado largo. Yo también echo de menos las separatas, mucho. Sobre todo la obligación de escribirlas.
Nada más hermoso que una playa desierta cuando ha terminado el verano, ¿verdad, Diego?
Abrazos a los dos,
Daniel Yanez-Gonzalez ha dicho que…
El verano: la estación del olvido y las chancletas.

Un fuerte abrazo desde Brighton.

Daniel Yáñez González-irún.
Andrés Pérez Domínguez ha dicho que…
Y la de los malos modales, a veces, Daniel.
Un abrazo fuerte desde el sur de España
Choko ha dicho que…
Desde el día 15 de Septiembre y hasta el próximo 16 de Octubre se encuentra abierto el plazo para la inscripción en el "I VillaBlog - Comarca de Doñana".

El "I VillaBlog - Comarca de Doñana" es un encuentro de Blogs que se celebrará el próximo día 24 de Octubre en Rociana del Condado (Huelva) al que asistirán personas interesadas en el mundo de los Blogs (tengan o no tengan uno) y que servirá para formarse y pasar una jornada de convivencia en un enclave rural con actividades muy variadas.
Puedes encontrar más información e inscribirte en www.villablog.net
No te lo pierdas!!
Antonia J Corrales ha dicho que…
Los escritores? sí somos un tanto sociópatas, en el sentido metafórico de la palabra, que no se vaya a asustar nadie.
Quizá, amigo, lo nuestro sea causa de ver demasiado, de saborear demasiado, de ir a contracorriente.
Cada día escribes mejor, opinas mejor, da gusto leerte.
Andrés Pérez Domínguez ha dicho que…
Ya será menos, Antonia.
Un beso,

Entradas populares de este blog

Hola y adiós

Nadar hasta que pueda

Regalo ejemplares de El factor Einstein