En la escalera de la muerte
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EN LA ESCALERA DE LA MUERTE
Ricard Ruiz Garzón
La de El violinista de Mauthausen, con todo, es una historia que escapa a los límites del campo. Ambientada en él, pero también en París y el Berlín de postguerra, narra el triángulo que un superviviente de Mauthausen, Rubén, forma junto a su antigua prometida y al ingeniero que da título al libro. La trama, en la que se entrelazan con habilidad documentados episodios sobre el exterminio en el campo (escalera incluida), se enriquece como siempre en Pérez Domínguez con asuntos como la traición, el sacrificio o la amistad. Hay también ciencia, espionaje, historia, política, sentimientos y por supuesto música, un recurso que de La lista de Schlinder a El pianista ha permitido a los escritores tender ignotos puentes en la comprensión del Holocausto: unos, subrayando con Steiner cómo es posible que los mismos nazis que tocaban a Schubert por la noche pudieran torturar a mediodía; otros, como el nuevo Ateneo, abriendo desde el símbolo una compleja puerta a la esperanza. Con su final abierto a lo Casablanca, su meritorio trabajo de personajes, su elaborada estructura y su compromiso con los perdedores, El violinista de Mauthausen logra llevar a buen puerto una historia que no por azar arranca con citas de John Le Carré y Antonio Muñoz Molina. El primero, alejado como Pérez Domínguez del artificio estilístico, apunta a los designios de una novela que se pretende, con éxito, entretenimiento concienciado. El segundo, ya citado en otras obras del autor, subraya el bordón trascendente que permite afirmar, tributos al margen, que con El violinista de Mauthausen Pérez Domínguez ha firmado su mejor novela.
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Comentarios
buena crítica la que ha hecho de El violinista Ricard Ruiz. Considérate afortunado porque no la firman gente como Alejandro Luque o Luis Manuel Ruiz. Por esta vez te has librado, pero te esperan, para que te comas el marrón a poco que bajes la guardia. Después de lo mal que se han portado contigo los sevillanos, lo excepcional es leer una crítica buena de tu libro en Mercurio. Cosas veredes.
Vista, valor y al toro. Y más libros de esos que tus lectores esperan impacientes.
A sus pies, maestro.
Permíteme, querido Andrés, una pregunta. Te la formulo con todo el cariño y el respeto que me mereces. ¿Por qué tienes un enlace de su blog en el tuyo?
Un abrazo.
¿no sabéis que el autor de esta crítica de Mercurio es amigo del novelista?
Sin duda, la única crítica que ha revelado los defectos de la novela es la que hizo alguien que no tiene ninguna relación personal con Pérez Domínguez. Chapeau por los integrantes de Estado Crítico.
Señor Pérez Domínguez: a mi tampoco me ha gustado su novela. Yo no me dejo guiar ni por premios ni por campañas de publicidad
Respecto a los gustos, ya sabemos que son como los culos, y abrir de nuevo una polémica estéril me parece aburrido. No olvidemos que hay gente por ahí que aborrece "Cien años de soledad". Lo dicho, sobre gustos...
Abrazos.
Anónimo: pues vaya usted a su blog favorito a dejar sus comentarios. No lea mis libros si no le gustan. Yo, ni pretendo gustar a todo el mundo (ni lectores ni críticos) ni me meto con nadie. Me gustaría que al menos quienes no son mis lectores ni les gusta mi trabajo me dejaran en paz.
Diego, sí, Rircard Ruiz Garzón es un tipo bastante lúcido. Pero ya ves, hay gente que parece estar muy aburrida y no tiene nada mejor que hacer que venir a dar la lata aquí. En fin. (lo digo por Anónimo).
Abrazos,
Leo en cuatro idiomas universales,no soy devorador de libros,pero sé destinguir un estilo de otro,y el estilo de Andrés es muy bueno,me lo han confirmado amigos mios,a los que envié ejemplares de la novela,sin prejuicios ni intereses,uno de ellos es profesor universitario de lengüística aplicada del castellano en Tetúan.Como los conozco bién,ellos si tienen esa virtud Humana de poder ponerse en la piel de una victima.
Nunca he escrito pensando en nadie, así que a estas alturas de la película no me voy a arrugar porque unos cuantos quieran venir a enmendarme la plana. Yo no me meto con nadie (ni críticos ni escritores) y respeto todas las opiniones que cada uno tenga sobre la forma de afrontar este oficio, pero algunos se empeñan en meterse conmigo. Qué le vamos a hacer.
Un abrazo y gracias de nuevo