Mucha gente lo hace, pero a mí nunca me ha gustado leer en la playa. Será porque soy muy comodón, supongo, y porque gusta leer en un sillón, con la ventana abierta o el aire acondicionado encendido, las piernas estiradas, y no en la arena, sentado en la toalla o en una butaca, sujetando las páginas para que no me las pase el viento, achinando los ojos para que la luz del sol no me haga daño, haciendo un esfuerzo para no enterarme de las
cuitas de los de la sombrilla de al lado. De niño ya era así, conque no creo que a estas alturas vaya a cambiar. Cuando nos íbamos a la playa, de lo único que me preocupaba era de llevarme un buen cargamento de tebeos (El Guerrero del Antifaz, el Jabato, el Capitán Trueno, las novelas ilustradas de
Bruguera), y al ca
bo de un rato en la arena a mi madre no le quedaba más remedio que claudicar y dejarme volver al apartamento. De las sen
saciones más placenteras que recuerdo de los veranos de mi niñez es estar sentado en una butaca, en silencio, con un tebeo en las manos. Nada me interesaba más que lo pudiera pasarle a mis héroes favoritos. Al contrario que la mayoría de mis
amigos, yo no sabía nada de fútbol ni era de ningún equipo. Por no saber, ni siquiera sabía los nombres de los jugadores. Y era feliz. Me bastaban un montón de tebeos, mi bicicleta o jugar con mis perros.

Hace muchos años que no tengo perro, y ahora que me he hecho mayor me gusta ver algunos partidos en la tele. Me siento con mi sobrina y le enumero sin pestañear los nombres de los jugadores de la selección mientras está sonando el hinmo. Quién me lo iba a decir. Soy capaz de hacerme un montón de kilómetros para ver un partido de la selección con la familia. Pero sigue sin gustarme leer en la playa. Cuando me voy de vacaciones lo que más sigue pesando en mi equipaje son los libros: los que leo, los folios de la novela que estoy escribiendo. Y al cabo de estar un rato en la arena me aburro. No lo puedo evitar. Admiro a la gente capaz de leer en cualquier sitio, pero yo no puedo. Enseguida quiero subirme al apartamento, darme una ducha, y disfrutar, como cuando era un crío, de un rato de felicidad en silencio, tumbado en un sofá, con un libro abierto, como si eso fuera lo único que el paso de los años no pudiera quitarme.
© Andrés Pérez Domínguez, julio de 2010
Comentarios
Muchos saludos,amigo
Ay, Andrés, qué buenas fueron siempre "Las separatas".
Un abrazo.
Ahora no puedo pero leeré.
Besos y amor
je
Y cuando tengo calor, pues a refrescarse!
Este año echaré mucho de menos la playa. Ya vendrán tiempos mejores.
Un saludo
Haritz
http://cronicasdeunurbanita.blogspot.com/
que he pasado leyendo, casi siempre en la playa, El violinista. Anna ha llegado a Sevilla y yo con ella. He tenido una grata sorpresa al tropezarme con el recuerdo
a los personajes de La clave Pinner que ella sólo conoce de oídas. Me parece un homenaje a tus lectores tan de aplaudir que he querido transmitírtelo.
Cómo comentaste en la Feria del Libro de Almería la estructura es especial y me encanta. Las idas y venidas por personajes y tiempos hace que la complicidad
con quien te lee sea completa. Gracias. Ahora que he descubierto tu blog pretendo hacerte saber cómo voy con ese viaje a los años 40. Un abrazo.
Mar
A mi no es que no me guste leer en la playa, es que ni tan siquiera soporto tumbarme para tomar el sol.
Besos y amor
je
PD
No se porque pero siempre me despido igual con el "je" quiero decir que el "je" es una sonrisa.
Gracias, Rosa Mary: ya me dirás qué te parece La clave Pinner.
Naty, a mí también me gustaba mucho, y me gustan, los superhéroes, y los héroes de los tebeos en general. En mi novela El síndrome de Mowgli los homenajeo.
Hola, Rafa: ya me contarás qué tal El factor Einstein...
Juanma, yo también echo muchísimo de menos la radio. Espero volver...
Hola, Sedemiuqse. Bienvenida.
Hola, Isi: yo no disfruto leyendo en la playa. Es un problema, ya lo sé...
Haritz, siempre hay algún retrógrado suelto. A mí también me ha pasado de niño. Pero mira, al final no han podido sujetarme...
María del Mar: me alegro mucho de que estés disfrutando con El violinista de Mauthausen. Ya me contarás. Suelo hacer referencias a otros libros míos. En La clave Pinner hablo de Los mejores años, una novela corta que publiqué en 2001, y la que estoy escribiendo ahora hay alguna referencia a El violinista de Mauthausen.
Hola, Pepe. Pues encantado de que seas lector mío, si quieres.
Abrazos a todos,
Abrazos.
También te felicito por haber sido nombrado el Sanluqueño del año. También te lo mercías....
Un beso,
Eva.
Un abrazo.