Es la pregunta del millón: ¿se puede aprender a escribir? Antes o después alguien te la formula en alguna presentación, o te manda un correo electrónico o te para por la calle y te lo suelta. Yo creo que a todos los escritores nos habrán preguntado alguna vez cómo lo hacemos, qué hay que hacer para conseguir ver un libro con tu nombre en la cubierta, como si fuera el resultado de un conjuro nigromántico antes que el resultado de mucho esfuerzo y paciencia. Vale, pero entonces, ¿se puede o no se puede aprender a escribir? Yo diría que sí, porque escribo libros y no nací sabiendo. Incluso mi madre me cuenta que de niño lloraba porque se me olvidada ponerle el punto a la “i” en los ejercicios de caligrafía. Pero ya sabemos lo exageradas que son las madres... Y está bien que sean así. Pero es una pregunta un poco tramposa, porque si se puede aprender a escribir, la lógica apuntaría a que también se puede enseñar, y eso no lo tengo tan claro. 
Muchos escritores opinan que sí se puede enseñar, pero también es verdad que algunos de ellos imparten cursos de escritura creativa y, pongamos el caso, no está bien decir que el pan engorda si tienes una panadería. Antes de que alguien se enfade, me apresuro a aclarar que no estoy diciendo que los talleres de escritura no sirvan para nada. Seguro que son útiles, y mucho, sobre todo porque en una misma clase un aspirante a escritor puede encontrar gente con sus mismas inquietudes y dudas, algo que no siempre sucede en la vida diaria. Yo creo que eso es lo mejor de los cursos de escritura: poder encontrar gente que comparte tu misma pasión y escuchar a alguien al que ya se supone que le han dado el carnet de escritor. Lo de carnet de escritor me lo acabo de inventar.
Mirando atrás, es cierto que, cuando yo empezaba, eché en falta el contacto con gente que también escribiera y que aún no fuera conocida, y durante mucho tiempo me daba vergüenza que incluso mis amigos supieran que robaba horas al sueño y al descanso empeñado en la quimera de inventar historias, cruzando los dedos secretamente para poder vivir algún día de ello. Entonces descubrí que para mí los mejores profesores fueron, sin darme cuenta, los escritores que había leído desde niño, y mi mayor motivación la ilusión de contar historias a mi manera y que algún día alguien pudiera leerlas.
Y es verdad que a casi todo el mundo, creo yo, le gustaría ver un libro con su nombre en la cubierta. Para eso, dicen, hace falta talento. Pero tampoco estoy seguro. Yo creo que escribir, lo he dicho más de una vez, es el resultado de varios factores, como una comida sabrosa en la que cada ingrediente debe estar en la proporción adecuada. La receta, viene a ser más menos así: imaginación, constancia, lecturas y cultura. Si todos estos ingredientes se dan en la medida justa, y si las circunstancias de la vida o las ganas de comprobar si erez capaz suceden, se puede llegar a ser escritor. Me explicaré un poco mejor: se puede tener una imaginación desbordante pero faltarte la constancia necesaria para afrontar la escritura de una novela; o uno puede saberse de memoria la Enciclopedia Británica pero carecer de imaginación. Hay excepciones, claro: escritores incultos o sin imaginación, o magníficos escritores que nunca llegan a saber que lo son porque son demasiado perezosos para desperdiciar muchos meses de su vida construyendo una novela. Pero en general es así.
Quiero recomendar tres libros a cualquiera que se asome por aquí y sienta que tiene una historia que contar pero esté convencido de que no va a ser capaz. No me cabe duda de que estos libros lo pueden ayudar bastante.
El primero es La práctica del relato, de Ángel Zapata. Se trata de un libro delicioso, escrito con tanta inteligencia y sencillez que creo que trece o catorce años después de su publicación la gente con inquietudes literarias no deja de leerlo. Tiene este libro, a mi juicio, una cosa estupenda, y es que además de sugerirte lo que debes hacer para escribir bien, te cuenta sinceramente lo que no debes hacer.
El segundo es Mientras escribo, de Stephen King. Leer muchas de las novelas de Stephen King protagonizadas por un novelista es como recibir una clase magistral de escritura (Misery, por ejemplo), pero esta obra, mitad memorias mitad libro de escritura creativa, muestra el genio de uno de los más grandes autores contemporáneos. Ya sé que algunos me van a crucificar por esto, pero Stephen King tiene mucho más talento que la mayoría de los que lo critican.
Y el tercero es Zen en el arte de escribir, de Ray Bradbury. Me da un poco de pena pensar que haya gente, sobre todo gente joven, que no sepa que Crónicas marcianas era una serie de narraciones cortas del autor de Farenheit 451 décadas antes de que Javier Sardá tuviera el mal gusto de robar el título para un programa de televisión. Zen en el arte de escribir me lo recomendó hace unos cuantos años un amigo que sé que se asoma de vez en cuando por aquí. Si a él le parece bien, que deje un comentario y lo cuente. Es una colección de artículos sobre el oficio de escribir con un entusiasmo tan contagioso que, si después de leerlo de un tirón eres capaz resistirte a sentarte a escribir lo primero que se te pase por la cabeza, te aconsejo que dediques tu tiempo a otra cosa y te olvides para siempre de querer ser escritor.
En fin. Espero haber podido ayudar a alguien con estas recomendaciones. Hay muchos más libros, pero con estos tres yo creo que basta para curiosear sobre los vericuetos del oficio.
Y, por último: escritor es quien escribe. En realidad, ver tu nombre en la cubierta de un libro tampoco significa mucho.
© Andrés Pérez Domínguez, octubre de 2010
Comentarios
Es mi opinión.
Tengo que encontrar el que comentas: "Zen, el arte de escribir" de Ray Bradbury.
Por cierto, me leí tu novela "El violinista de Mauthausen" y me pareció muy buena.
Saludos.
En mi opinión, por aquí va más o menos todo este asunto. Algunas veces me ha tentado inscribirme a algún curso. Pero, la verdad, no termina de convencerme eso. No lo sé, no lo tengo del todo claro.
Un fuerte abrazo, querido Andrés.
Yo sinceramente debo felicitarte por ese gran talento que tienes y por haber logrado muchos triunfos en tu carrera como escritor.
Muchas gracias por compartir en tu blog estos libros que espero leerlos muy pronto.
Un abrazo,amigo.Y que tus novelas sigan alcanzando muchos éxitos.
Tomo nota de los libros que recomiendas, no conocía el de Ray Bradbury. En cuanto a lo de que escritor es aquél que escribe, no puedo estar más de acuerdo.
Un abrazo.
Un abrazo
Luis Manuel, como te decía ayer, el libro de King está en bolsillo y es fácil de encontrar. El de Bradbury no sé si estará en bolsillo. Yo tengo la edición de Minotauro en tapa dura.
Abrazos para todos,
Un día en el cole me tocó hacer un trabajo sobre “Zalacain el aventurero”, me sonó a rollo, pero descubrí a Baroja y, con él, a todo un mundo. Mis visitas al quiosco de la Rosi continuaron porque me interesaba lo que decía el MARCA y el AS sobre la Real, que era muy poco y, de paso, aprovechaba para mirar las tetas de las portadas de INTERVIU, pero, también, empecé a entrar en las librerías, donde pasaba muchas horas, tantas que hasta me echaban, aunque compraba algún libro, bueno algunos, porque lo otro era echarle mucho morro.
Siento haber metido este rollo para decir que cada vez que leo un buen libro, lo de un buen libro es subjetivo y todo eso ya lo sé, pero para mí es aquel que me pone difícil empezar con el siguiente, sus autores me producen sana envidia, soy un hipócrita diciendo lo de la sana envidia porque ninguna envidia es sana, por su capacidad, casi mágica, de hacer creíble lo increíble y atraparte en ese micromundo que es su novela así mismo he descubierto, para mi desgracia, a pesar de haber emborronado cientos de folios, saber que nunca seré capaz de imaginar que un violinista alemán tocara un vals para dos enamorados en un parque de Paris y que años más tarde lo hiciera en un campo de exterminio para uno de ellos.
¿Un escritor nace o se hace? y ¿un futbolista? Todo tiene su entrenamiento y su técnica, cierto, y algo de innato, esto es, se tiene o se tiene. Yo también pegué muchas patadas a un balón y no pasé de juveniles.
HARITZ
http://www.cronicasdeunurbanita.blogspot.com/
En la escritura creo que lo más importante es la constancia, más que el talento o como quiera que se llame eso.
De todos modos, te agradezco sinceramente tu comentario.
Un abrazo,
Desde que volví de vacaciones he empezado un nuevo proyecto. Esto quiere decir que estoy dando vueltas a la cebolla y que he vuelto a emborronar folios y folios , pero parir los personajes para mí es lo fundamental porque un personaje no debe ser cartón piedra debe tener un minímo de alma.
Sí la constancia es importante para todo.
Un abrazo. HARITZ
P.D. La mención a Donosti "en el violinista" me gustó mucho.
Gracias de verdad, Andres.