Gregorio León
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Solo nos hemos visto tres o cuatro veces, pero Gregorio León es uno de los pocos amigos que tengo en la charca de pirañas que muchas veces se me antoja el gremio de los escritores. La primera vez que hablé con él fue hace casi tres años, cuando se acababa de publicar El factor Einstein y me llamó para hacerme una entrevista. Unos meses después coincidimos en Sevilla y se acercó a la mesa a saludarme, la noche que Félix J. Palma, otro de los viejos colegas de este oficio, ganó el Ateneo por El mapa del tiempo. Soy Gregorio León, me dijo. No sé si te acordarás de mí. Claro que me acordaba. Cuando uno escucha la voz de Gregorio León se imagina que un mago lo acarició con su varita, porque es de esos periodistas que fuera de un estudio de radio te dan envidia porque siempre son capaces de modular cada sílaba como si tuvieran el micrófono delante. 
Pero me acordaba también porque Gregorio, además de retransmitir partidos de fútbol, hace unas entrevistas estupendas a los escritores en Onda Regional de Murcia, y sabe muy bien lo que se hace cuando de libros se trata. Como no podía ser de otra manera, las pocas veces que nos hemos visto ha sido por asuntos literarios, incluso una mañana de enero coincidimos los dos curioseando en los puestos de libros de saldo de la Cuesta de Moyano, en Madrid; y el año pasado ejerció amablamente de anfitrión cuando estuve con Óscar Oliveira en Murcia presentando El violinista de Mauthausen.
Gregorio, además de periodista, es un escritor notable que escribe novelas casi a la misma velocidad como gana premios. El otro día hablamos un rato por teléfono, y le contaba que me daba mucha alegría ver su última novela, El último secreto de Frida K., muy bien colocada en las mesas de novedades de las librerías. Me dijo Gregorio que está funcionando estupendamente, y también sé que tiene otra novela inédita. En un gremio donde la envidia, el chismorreo malintencionado o la puñalada trapera tan española y de toda la vida son muy habituales, uno se alegra de que a la buena gente, a los tipos discretos y sencillos como Gregorio, le vayan bien las cosas.
Y aunque solo nos hemos visto tres o cuatro veces, últimamente es como si conviviera con él (en sentido figurado, claro, porque a los dos nos gustan las mujeres, a él todavía más que a mí, estoy seguro...), porque en la novela que estoy escribiendo ejerce de secundario de lujo. Hace varios meses le pregunté si no le importaba que le pusiera su nombre a un personaje de mi nueva novela. Gregorio León respondió que sí, que encantado, y lo he metido en una trama donde creo que se va a sentir muy a gusto: no me ha costado imaginármelo en el Madrid de 1950, con esa pinta de chulillo de buen corazón que tiene, empeñado en resolver un asunto imposible entre espías, recorriendo locales de alterne y jugándose el tipo por una buena causa. En mi novela, además, igual que en la vida real, es un periodista deportivo. Del Real Madrid hasta los huesos, aquella temporada, la 1949 – 1950, anda un poco mosqueado porque la liga no se la llevó su equipo, sino el Atleti. Quién sabe. Lo mismo esta temporada, la 2010 – 2011, se lleva una alegría.
© Andrés Pérez Domínguez, noviembre de 2010
Comentarios
¿Cuando nos vas a escribir un post a tus admiradoras XD?....
Abrazos a todos,