A ver, chaval, permíteme la confianza. Toda la vida mirándote frente al espejo me permite algunas licencias, espero. Total, si te molestas me da igual. Me vas a tener que seguir aguantando hasta que dejes de fumar. Es una metáfora, no te enfades conmigo. Yo sé que nunca has fumado y a estas alturas ya no creo que te pille el momento tonto. Vamos a ver. Siempre has dicho que escribir novelas es como correr maratones y escribir cuentos como correr los cien metros. Estás harto de repetirlo. También, cuando te da por ponerte fino y literario has citado a Cortázar para afirmar que en las novelas se gana por puntos y en los cuentos por KO. Muy bien. Perfecto. Pues como un día alguien tire de hemeroteca vas a tener que mudarte a Vladivostok para esconderte de tu propia boca. Porque, tío, ni maratón, ni cien metros. Ni siquiera sé qué estamos haciendo. Sin preguntar a nadie si existe una sola razón para que el mundo tenga que soportar otro libro tuyo, vas y te pones a escribir una novela para ...
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Los ojos de Belén Rueda
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Recuerda que ya tienesEl violinista de Mauthausen
yEl síndrome de Mowgli
EN BOLSILLO SÓLO POR 8 EUROS (ALGAIDA ECO)
Llegamos pronto, porque una de las manías de las que no tengo intención de desprenderme cuando voy a cine es acomodarme en la última fila, cerca del pasillo, antes de que se apaguen las luces, ver los tráilers y los anuncios que, aunque a veces sean los mismos, no se disfrutan igual que en la tele.
Cruzar la puerta del Cervantes, en Sevilla, siempre es un momento agradable. Con tanta multisala enlatada, procuro ver siempre las películas en este viejo teatro con palco, lámpara majestuosa en el techo, gruesas cortinas rojas y un leve olor a humedad, a cuarto que ha estado cerrado demasiado tiempo. Resulta demasiado desconsolador sentarse en una sala tan grande sólo junto a cinco o seis personas, pero el cine Cervantes se mantiene en el centro de Sevilla, irreductible, orgulloso, el útimo de una especie, como el Alameda multicines o el Avenida, que se ha ido extinguiendo sin que nadie haya sido capaz de levantar la voz lo suficiente para conservarlos. No sé si la gente joven que hoy va al cine en Sevilla ha llegado a conocer las butacas tan cómodas del Bécquer, en la Macarena; el viejo Regina, muy cerca de donde ahora se levanta ese paisaje que recuerda a Terminator de las setas de la Encarnación; o el Fantasio, en Triana, donde vi Parque Jurásico hace diecisiete años; las tres salas del Cristina, donde recuerdo haber visto La caja de música, de Costa Gavras o Pretty woman; o el viejo Pathé, donde vi con mi hernana, fascinado, en una de esas reposiciones que también desaparecieron para siempre, El Padrino, a finales del verano de 1983, cuando acababa de cumplir catorce años.
Son muchos más: el Florida, el Corona, el olvidado Astoria, el Rialto, pero en el Cervantes recuerdo haber pasado muchos de los mejores ratos como cinéfilo en los últimos veinte años: Bailando con lobos, La lista de Schindler,La vida es bella, El paciente inglés, Los chicos del coro y, no hace mucho, la fabulosa Origen. No sé si serán buenas películas o no, pero a mí me hicieron muy feliz mientras las veía. Me gusta tanto este cine que casi siempre, al mirar la cartelera, busco qué ponen en el Cervantes antes de decidir lo que voy a ver. Ayer ya se habían terminado las colas del fin de semana, los miles de espectadores que se ha echado al zurrón Los ojos de Julia desde que se estrenó el viernes pasado.
Dos décadas atrás no me entusiasmaba Belén Rueda. Eran los primeros tiempos de las televisiones privadas, y aunque no podía negar que tenía encanto, ella no era de las mujeres que más me gustaban. Creo que no empezó a interesarme hasta los últimos episodios de Periodistas, cuando se dejó el pelo largo, me parece, y se disputaba con Esther Arroyo el amor de Ginés García Millán, un tipo con suerte donde los haya, por cierto. En Los Serrano no resultaba difícil entender el drama del bueno de Antonio Resines, que no dejaba de preguntarse todo el tiempo qué estaba haciendo una mujer como ella con un tipo como él.
Por si todo esto fuera poco, Belén Rueda además es buena actriz. Anoche disfruté mucho viendo Los ojos de Julia, y en algunos momentos pasé miedo, lo que no es mala cosa en la sala oscura de un cine. ¿Que en algunos momentos se parece demasiado a Psicosis y está llena de tópicos facilones? Pues sí. ¿Que bastantes de las cosas que suceden son increíbles? Pues también. ¿Que a lo mejor viéndola otra vez no me gustaría tanto? Es posible. Pero es que me da mucha pereza ponerle pegas a las películas que me hacen pasar buenos ratos. Eso, mejor que lo hagan otros.
Al poco de empezar la película tuvimos que cambiarnos de sitio porque una de las luces de emergencia se encendía y se apagaba. Me pregunto ahora si además del sonido envolvente, ese parpadeo caprichoso no sería otro de los recursos de la sala para hacer la película más creíble, para que diese más miedo.
Belén Rueda con los años ha mejorado,como el buen vino y en esta peli, está fenomenal, es muy buena. Hablas de unas películas, las cuales me encantan y que de tanto en tanto me gusta volver a ver, ya que cuando las vuelves a ver siempre encuentras detalles que se te habian escapado.
Bueno si te sirve de consuelo en Bilbao ya no quedan cines ,a no ser que te vayas a un centro comercial,quizas alguno ,pero tampoco tardara en cerrar,uno de los ejores y mas antiguos cambio , a peliculas en version original,para la gente que le gusta ,verlo sin doblar ,pero poco duro,terminaron por cerrarlo ,sin previo aviso y de un dia para otro a si que nada,habra que acostumbrarse.No e visto aun la de Belen Rueda pero esta semana espero tener tiempo.
rosa mary ha dicho que…
Hola Andrés:muy buena pelicula la vi el domingo.es una buena actriz,yo tambien hiba a un cine como el cervantes.y estába en el centro (EL EMPERADOR)un gran cine y teatro .ya esta cerrado.un saludo .
Rocío ha dicho que…
uufff,qué miedo da ya eso de las luces Andrés,jajaja y antes de empezar la peli!!!!,madre mia...según me cuenta alguien que ha leído el libro de las casas encantadas de sevilla,el cine Cervantes es uno de ellos,de los que guardan ciertas historias sobre fenómenos extraños,no sé si será verdad,yo también soy de las que miro las carteleras de estos cines y si me gusta lo que hay voy y si no casi que no busco en más cines,a menos que de verdad tenga interés en algo,y nunca nunca noté nada en el Cervantes,y eso que voy mucho como digo.
¿Lo has pasado bien?, me pregunta, al final de la noche. El bar atestado. Una pareja amable nos ha cedido un hueco en la barra. Sólo quería ofrecer la entrada a quien de verdad pudiera disfrutarlo. Tres horas antes, en el taxi, se parte de la risa cuando le digo, medio en broma, o no tanto, que mi último concierto fue el de Spandau Ballet en Sevilla, en 1987. No pensaba ir al de Joaquín Sabina, pero ella fue el martes y tenía otras dos entradas para hoy. Me cuenta que hará todo lo posible por ir también al del sábado. Me admira su voluntad de pasarlo bien, de disfrutar. Me admiran sus ganas de vivir. Sobre todo, confiesa, me va gustar el concierto de hoy porque espero que te guste mucho a ti. Pero no quiero que se sienta como la anfitriona de una fiesta, preocupada porque sus invitados lo pasen bien antes que por disfrutar ella misma. Cruzamos la Puerta del Príncipe, la misma por la que salen a hombros los toreros, y ya tengo los vellos de punta. Nos equivocamos de asiento y para ver l...
Aunque soy combativo por naturaleza y me dejo el pellejo antes de bajar los brazos, a veces me canso. No pasa nada: cierro los ojos, duermo o me encierro en una coraza hasta que vuelvo a salir a pelear. A todo buen boxeador le queda un gran combate dentro, reza una máxima pugilística. Pero a veces me pregunto qué pasará cuando no tenga ganas de pelear, cuando me quede sin fuerzas o ya no merezca la pena. Si hablo de esto con gente de mucha confianza (muy pocas personas, en realidad), suelo decir que me iré a una playa, me desnudaré en la orilla y nadaré mar adentro hasta que me rinda el cansancio. Escribí un cuento hace pocos años donde uno de los personajes hacía justo eso. Los juntaletras acostumbramos a contar las verdades importantes en la ficción. No he publicado esa historia. Todo se andará, espero. Alguna vez, alguna vez tal vez... Pero sé que no será tan fácil. No publicar ese cuento, sino nadar hasta que me fallen las fuerzas, por muy poética que se me antoje esa despedi...
A ver cuándo me regalas tu libro. Es una frase que los escritores estamos acostumbrados a escuchar. No sé mis colegas, pero yo casi nunca regalo un libro mío a quien me la suelta, casi siempre amigos que hace mucho que dejaron de serlo o gente que de pronto parece profesarte un empalagoso cariño repentino aunque antes casi nunca te haya dirigido la palabra. Pero también hay unas cuantas personas a las que nunca consiento que compren un libro mío, y lo primero que hago cuando la editorial me manda unos algunos ejemplares (por cierto, para quien no lo sepa: la editorial no regala los libros al escritor. Se los descuenta en la próxima liquidación. Los que le corresponden a él y todos los que han gastado en la promoción) es dedicarlos, meterlos en un sobre y mandarlo por correo, o incluso llevárselo personalmente a sus casas. Muchas de estas personas tan queridas por mí frecuentan este blog y saben que estoy hablando de ellos. A lo mejor es porque toda mi vida he buscado y comprado los lib...
Comentarios
Hablas de unas películas, las cuales me encantan y que de tanto en tanto me gusta volver a ver, ya que cuando las vuelves a ver siempre encuentras detalles que se te habian escapado.
Abrazos,