Lectores
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La tarde de ayer estaba desapacible en Sevilla. Los últimos días ha hecho mucho frío y por la mañana las nubes han descargado con tanta fuerza que supongo que ni el más valiente se habrá atrevido a salir a la calle. No pienso que vayan a venir muchos lectores, pero yo tengo que firmar en La Casa del Libro. Dejo el coche muy lejos y me voy dando un paseo hasta el centro. Hace mucho que no entro con el coche en ese laberinto de atascos y conductores impacientes a los que parece que se les ha quedado la mano pegada al claxon, y menos ahora con este rompecabezas desquiciado en que se ha convertido el casco antiguo, donde te puedes meter por una calle, y si no sales por la que te corresponde, es como si te hubieras quedado allí para siempre. Pero este galimatías no viene al caso ahora. 
Llego puntual, y después de una caminata tan larga tengo calor y me sobra el abrigo. En las firmas de El violinista de Mauthausen siempre hay alguien de la editorial, un detalle que no es necesario, pero siempre de agradecer. Me acompaña Juan, uno de los comerciales de Anaya; el domingo por la mañana estaré en Tomares con Jesús. Además, me gusta hablar con los comerciales de las editoriales porque te cuentan una parte del negocio de los libros que a menudo se nos pasa por alto a los escritores: la lucha diaria, muchas veces desigual, para conseguir que los títulos de sus autores lleguen a las mesas de novedades, la dificultad de salir adelante en un negocio tan complejo como este. 
Y es saludable, ya lo he dicho alguna vez, que un escritor deje su despacho y se acerque a los lectores. Que la gente vea que somos personas tan normales o tan raras como las demás, tan simpáticos o tan antipáticos. Antes no era así, pero ahora, con las redes sociales, resulta bastante sencillo ponerte en contacto con un escritor, contarle que te ha gustado una obra suya o llamarle la atención sobre algo que no te convence. Y yo, en la medida de mis posibibilidades (uno no dispone de todo el tiempo que le gustaría), intento contestar siempre, aunque sea de una forma muy breve. Por eso me gusta cuando en una firma alguien se te acerca y te dice su nombre, con la complicidad de quien sigue tus avatares en Facebook, en Twitter, o en este blog. Ayer pasé un rato agradable con Rocío y con María Jesús, que fueron hasta La Casa del Libro con un Violinista cada una para que les estampase una firma, y luego me las encontré cuando estaba cenando en un bar. 
Hay unos cuantos escritores, no sé, pongamos seis o siete, de los que he leído todos los libros que han publicado y siempre estoy pendiente cada vez que sacan uno, porque me gusta cómo escriben, me interesa su obra o me siento identificado con su manera de ver el mundo. O, simplemente, porque sí, vaya, que tampoco se trata de justificarse. Y aunque haya lectores que compren todos tus libros, y además los lean, nunca dejará de llamarme la atención que a mí también pueda pasarme algo parecido. Uno no tiene más remedio que sentirse muy agradecido, y contarlo públicamente, cuando Sara, otra lectora que me conoce de Facebook, se presentó ayer en La Casa del Libro con un bolso en el que llevaba todos mis libros que se han publicado en editoriales comerciales. Hola, soy Sara, me dijo, y luego abrió un bolso grande y sacó El violinista de Mauthausen, El síndrome de Mowgli, El factor Einstein, El centro de la Tierra y La clave Pinner. Creo que solo por llevar al Violinista y a Einstein durante un rato se convalidarían unas cuantas horas de gimnasio, y Sara, aparte de haberse leído todos mis libros, venía cargando con ellos desde muy lejos. 
Los lectores siempre nos lo agradecen, pero a mí me gusta pensar que somos los escritores los que debemos dar las gracias a los lectores. En un trabajo tan complicado y a veces tan frustrante como es la escritura, nunca me he sentido mejor pagado que cuando alguien me ha dicho que ha disfrutado leyendo un libro mío.
Y Sara se merece esta entrada.
© Andrés Pérez Domínguez, diciembre de 2010
Comentarios
Ya sabes que ambas tenemos tu novela desde hace muy poquito tiempo,pero ten por seguro que en breve la leeremos y te opinaremos,por supuesto.
Gracias por ser como eres,y por tus detalles,sigue así y no cambies,ehh?,jaja :).
Besotesss
Hola Andrés:me alegro por ellas ,yo te conoci en la feria de leon,y estaba muy cortada ,(tener un escritor delante impone) por lo menos para mi.me gustó el violinista(y llor
Hola andrés:me alegro por ellas,yo te conoci en la feria de leon.y tambien me quede muy cortada (tener un escritor delante impone) por lo menos para mi, y como me gustó el violinista,voy comprando tus libros,si vuelves por aqui pasaré a verte.pero so es dificil¿verdad ? un saludo
Me gusta tu empatía con el lector,y que nos cuentes tu visión como escritor, así, sencillamente, como es normal que sea.
He comenzado El Factor Einstein, ya sé que no lo voy a soltar.
Te envío un caluroso abrazo.
Sigue escribiendo porque seguro que siempre hay quien te siga, el ejemplo de Sara no es mas que la punta de un enorme iceberg
Abrazos,
Bueno, Andrés, ¡Feliz Navidad!