23 F
- Obtener enlace
- X
- Correo electrónico
- Otras aplicaciones
Supongo que respecto al 23 F yo debo pertenecer a alguna generación perdida. Esto es, los que tenemos bastantes años para acordarnos de ese momento pero entonces no supimos qué significaba lo que estaba pasando. Recuerdo perfectamente aquel día, y también una tarde, pocas semanas antes, haciendo los deberes en mi casa y Adolfo Suárez en la tele anunciando su dimisión.
Yo tenía once años el 23 de febrero de 1981, y algún compañero no fue a clase al día siguiente, pero lo que más nos llamaba la atención a los que sí fuimos era que por la noche habían puesto unas cuantas películas, para mantener entretenidos a los espectadores. Nunca supe si fue verdad o la exageración de algún compañero, pero esa fue la mayor noticia para mí, que me gustaban tanto las películas, y pensaba secretamente que si a los diputados los tenían otra noche más encerrados en el Congreso lo mismo podía aprovechar para una larga sesión nocturna de cine, si me dejaban. 
De aquel día no tengo recuerdos de miedo, ni siquiera de incertidumbre. Cómo los iba a tener con once años en un pueblo de Sevilla. A lo mejor, si el levantamiento se hubiera alargado, aunque hubiera sido solo una noche más, sí me habría dado cuenta de lo que pasaba. Tal vez habrían ido desapareciendo poco a poco mis compañeros de pupitre por precaución, o a lo mejor yo mismo tampoco habría vuelto a clase hasta que las cosas se hubieran calmado. Quién sabe.
Treinta años después, las imágenes de Tejero entrando en plena sesión de investidura de Calvo Sotelo estremecen, pero también, a medida que van saliendo a la luz nuevos datos, con la perspectiva del tiempo produce cierto bochorno ver a un puñado de guardias civiles nostálgicos de Franco pegando tiros, y las cintas con las grabaciones de las voces de Tejero y García Carrés, el único civil procesado por el golpe, gritando el nombre de España como si fuera suya y de nadie más. Esos “viva España” de 1981 ahora incluso parecen ridículos.
Sin embargo, ahora, al escuchar a más de uno pronunciar el nombre de España de esa manera chulesca, cuartelera, como si les perteneciera o mordiesen un bocado que solo ellos pudieran probar, igual que los golpistas de hace treinta años, siento el escalofrío que tenía que haber sentido entonces, cuando no entendía lo que estaba pasando. Supongo que es una cuestión de perspectiva: tal vez dentro de treinta años, los que ahora tienen once años sentirán vergüenza ajena al estudiar el discurso de ciertos políticos y tertulianos de los programas de televisión de hoy.
© Andrés Pérez Domínguez, febrero de 2011.
Comentarios
No me gusta nada la clase política que tenemos, las cosas han de cambiar y mucho. Pero, desde luego, si ese golpe de estado de sainete hubiese triunfado, estaríamos mucho peor, no me cabe la menor duda.
Un abrazo.
un abrazo
haritz
http://cronicasdeunurbanita.blogspot.com/2011/02/todo-el-mundo-al-suelo.html
También recuerdo que no hubo colegio al día siguiente y estuvimos toda la mañana viendo dibujos animados de la Pantera Rosa.
Abrazos para todos,